29 febrero 2016

actos ilícitos desde la comodidad de mi vivienda

el amor es un lenguaje. claro está. no quiero ser una perra pretenciosa, así que no voy a fingir que me preocupa hablar sobre otras cosas. el amor es un lenguaje cuyas estructuras de significado están vacías. esto tendría que ser un alivio para la humanidad, un respiro, pero a mi me da muchísima bronca.
el amor es el lenguaje de los talentosos. esa es la única verdad, pero la mayoría no lo quiere reconocer, como si el amor se sostuviera sobre bases enigmáticas y tuviera un origen desconocido. nada que ver.
bajo la influencia de revistas patrocinadas por cris morena, a todos mis novios de la adolescencia les escribía de la misma manera, usaba ciertos sintagmas como fetiche y hasta el hartazgo les mandaba canciones repetidas. un novio tras otro. una canción tras otra. no tenía talento en el lenguaje, porque no tenía talento para el amor. y no tener talento para el amor no es otra cosa que no amar.
un día al fin supe que me enamoré porque me sentí obligada a crear un lenguaje. todo me impulsaba a hacerlo, a investigar. con lo que tenía adentro no alcanzaba, con mi experiencia no bastaba. no voy a negar que crear un lenguaje es algo hermoso, pero también es una tarea muy frágil como sostener IPs; redes de un lenguaje cibernético y sofisticado que no entiendo.
y una vez que estás dentro del lenguaje del amor tenés que mover las piezas con destreza, pero siempre apelando a la delicadeza, como si estuvieras a cargo del buen funcionamiento de los órganos de un bebé.
cuando se pierde la delicadeza no hay puntos medios. suele saltar la horrible tendencia de estar dispuesto a matar a alguien si la persona amada te lo pide, o recurrir a las típicas formas imperativas del cariño: abrigate.
con los años, la delicadeza en el lenguaje es un trapo gastado, lleno de agujeros por su abuso frenético durante las temporadas de mayores crisis.
ahora que ya soy vieja, nada me da verguenza. si bien habré perdido la delicadeza en el lenguaje del amor y cometo actos ilícitos desde la comodidad de mi vivienda, puedo asegurar que no perdí el único compromiso que tengo conmigo misma: ofrecer siempre y bajo cualquier circunstancia algo nuevo.

pogo