17 noviembre 2014

tejidos

Hace dos meses estuve con un chico de la plata -que no voy escribir su nombre acá porque me da vergüenza y creo que a veces me lee-. Ese chico hacía poco había cortado con su novia -también de la plata- y comenzó a chatearme. Al principio no le prestaba mucha atención, pero después comenzó a interesarme más no me acuerdo por qué. La cuestión es que nos quedabámos chateando hasta tarde, hablando sobre cualquier cosa, temas profundos o superficiales que daban paso a otros y así. Nos poníamos de acuerdo en ver películas al mismo tiempo y al final nos comentábamos que nos había parecido. En el momento en el que me cayó la ficha de que me gustaba empecé a dudar si realmente me tenía ganas o no porque nunca me tiraba palos. Que sé yo, capaz que quería conversar con alguien y nada más. Entonces hice algunos manejes indirectos para confirmar cuál era la onda. Cuando vino cogimos dos días seguidos en un telo -ese que está enfrente de lo de flor- hasta quedarnos dormidos. No hablamos casi nada pero creo que estuvo bien. Cuando me separé de él para ir al baño pensé: todo esto es sin amor, pero seguro que después me enrrosco. Volvió a su ciudad y no volvimos a tener comunicación. Yo lo extrañaba, quiero decir, en el chat lo extrañaba. Nunca entiendo por qué, después de tener sexo, las relaciones con las personas se me vuelven tan extrañas ¿Daré mensajes confusos? A las semanas se aclararon las cosas y hoy somos amigos. Creo que no daba flashear amor a distancia, aunque quizá lo hayamos fantaseado cada uno por su lado. Bueno, de eso no estoy tan segura.
Antes de estar con él, esa misma semana estuve con otro chico de acá. Eso sí que ocurrió sin planificación previa. Casi lo olvidé por completo y se enojó tanto que hasta me dejó de seguir en twitter. No lo hice a propósito, fue algo inconsciente porque en el fondo me gusta lo complicado, cualquier cosa que me consuma todas las energías tipo trabajo proletario. Cuando ya tuve las cosas más claras, hace como un mes o más, lo volví a ver al chico de acá. Mi reaparición fue cálida y después tuve otro brainwash. No sé, sólo soy una chica intentando sentir amor.
Ayer me enteré que él ahora está flasheando con la ex del chico de la plata: que se vieron, que hicieron arte, sacaron fotos, escribieron poemas románticos. Ella le escribe a él, lo hace público así que debe ir en serio. Ante esto, las reacciones de una persona dentro del orden de lo normal serían: reirse, llorar, envidiar. Yo me quedé pensando en cada una de esas reacciones, me detuve y no las entendí. Después me di cuenta de que el sexo quizá sea conexión, quizá un puente que une a la gente hasta que encuentra el amor. Entonces hay que coger para que todos podamos encontrar a la persona amada. El sexo puede ser una máquina, en un sentido abstracto pero a la vez concreto, cuyos mecanismos cumplen una función abocada a lo colectivo. Acabo de descubrir el misterio del sexo: es comunista.
La otra vez leí en un artículo new age que uno queda conectado inconscientemente con quien hace el amor por siete años. Sí, SIETE AÑOS. Como que te llevas con vos todo lo de la otra persona, una especie de intercambio que -además de físico- es emocional y energético. Me parece algo bastante terrible, pero tiene sentido. Si yo no hubiera estado con el chico de la plata, si él no hubiera estado con su ex, y si yo no hubiera estado con el chico de acá: quizás el amor entre los últimos dos no hubiera sido posible. El sexo puede ser un puente y puede ser el mismo amor. Y me quedé pensando en que yo también lo quiero encontrar. Que ya es hora, ya no quiero sentirme sola, con esas ganas de irme después de acabar. Nunca más.

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