10 abril 2014

ninguna chica debería pasar por esto

Conocí a un chico en un bar rollinga el año pasado. Estaba muy borracha fumando en el patio y el me empezó a hablar porque le llamó la antención que yo me estuviera riendo sola. Ese mismo viernes había salido de una clase de introducción a la literatura y les había machacado el cerebro a mis amigas con el fluir de la conciencia y sobre mis pocas aptitudes para escribir un trabajo crítico. No recuerdo la conversación específicamente solo una frase poética y cursi que soltó: "el mundo se mueve por las mismas fuerzas extrañas que se mueven nuestros corazones". Me pareció tan hermoso que se la hice repetir varias veces por temor a olvidarmela. Después mis amigas se fueron yendo, sus amigos también y nos sentados en una casa al lado del bar. Nos fumamos un porrito y pensé que era cualquiera proponerle ir al telo porque recién nos conocíamos y así que nos quedamos mucho tiempo hablando de música y literatura. El chabón me hizo creer que era alto literato y autodidacta, me dijo que Nietzsche le había tocado el corazón y blablabla. También le pregunté, capciosamente, qué estaba leyendo en ese momento pero no me acuerdo con qué me saltó ¿Saben qué? Eviten estar borrachos en esas situaciones porque salen a la luz demasiadas verdades que luego se les escapan. Unos días después le dije a mis amigas "es perfecto para mi, es más lindo que todos los chicos con los que estuve jamás". Me invitó a la casa, y no pudimos coger con todas las letras porque el lugar estaba lleno de ruidos, los padres entraban y salían, algo que me inhibía demasiado. Salimos un par de veces más e hicimos cosas aburridas que hacen todas las parejas como fumar puchitos y tomar café. Las primeras veces fuimos a mc donalds, después me atreví a confesarle que me parecía capitalista y que prefería alimentar los bolsillos de un café más descente. En esas charlas criticó a Cris, como un adolescente que critica el poder de turno sólo por el hecho de cuestionar el poder en sí, pero sin argumentos lógicos. Yo asentí diciendo que tampoco era kirchnerista. Con el correr de los días lo convencí de que le pidiera prestado el departamento al hermano. Tenía que sacarme esa curiosidad que poco tiene que ver con el registro imaginario lacaniano, si era amor tenía que serlo principalmente carnal. Así fue como se dio todo, yo me preparé previamente -como estamos obligadas socialmente a prepararnos las mujeres antes de tener sexo- y llegué al departamento. Me senté en el sillón y me presentó a su gata. Le mostré un libro de Henry Miller y me criticó unas marcas diciendome "este chabón no entendió nada, la vida es de otra manera". Don sabelo todo tenía frases sentenciantes para todo; quizás no se había dado cuenta de que se trataba de literatura y no de filosofía. A la literatura no le interesa la verdad. Más allá de que eso me la secara un poco, el momento de coger fué peor. Yo había apostado todas mis fantasías a que el flaco me calentaba. Pero no fue así, me tironeaba tanto de los pelos que sus manos estuvieron más ahí arriba que intentando hacer que me mojara. Me la metió de bruto como se la mete un perro a otro perro, como se la mete un caballo a una yegua. Cuando intenté sentirme menos presa y subirme arriba lo único que me dijo fué "¿qué haces?" y con su brazo patriarca me devolvió la espalda al colchón. Solamente pensaba en que por favor acabara rápido pero no acababa nunca el hijo de puta y yo me iba secando cada vez más. Después probamos en cuatro y me sentí morir. No recuerdo que haya puesto su mano, ni mucho menos su lengua en mi concha pero el sí que tenía un afán morboso con que se la chupara a cada rato. En un momento me cansé, le dije: basta, no tengo ganas de seguir, no estoy caliente. A lo que me dijo: si yo no te caliento es porque sos lesbiana. Más allá del sus palabras egocéntricas y de que yo nunca descartara el lesbianismo, ahí tenía muy presente mentalmente otras personas del sexo opuesto capaces de calentarme. Encendió el televisor y no había nada pasable en el cable, acotó que tenía un gusto sublime por el cine y que no conocía a nadie que supiera más que él del tema. Después de escuchar esas palabras pensé en salir corriendo al baño a vomitar, o vomitarle en la cama, el televisor, el colchón, en la cara, en la pija. También pensé en romper el espejo del baño y torturarlo con los restos del vidrio hasta que dejara de decir tantas pelotudeces. Haciendo zaping encontró Ratatuille y no pudo entender como yo nunca había visto esa película, que era genial, cómica, graciosa, etc. Vimos media hora esa basura y mis ansias de tirarme por la ventana del octavo iban en aumento. Sentía tantas ganas de morir que no tenía fuerzas para agarrar el celular y escribirle a alguna amiga un sos. Dormí como el orto. El seguía con la pija parada e insistió un par de veces más, hasta introdujo en la conversación un par de axiomas machistas que decían que *yo no lo podía dejar así*. A la mañana siguiente nos despedimos y fue, por suerte, la última vez que lo vi.

1 comentario:

  1. miller inolvidable
    brazo patriarca qué bien expresado
    g. diría "demasiado sincero"
    Sofía sos una gran princesa

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pogo