07 marzo 2014

groupies

Mi amiga Caro es la reencarnación de un árbol y tiene un novio rasta.
Hace un mes fuimos con ellos y los amigos hasta el lago. Nos fumamos uno y nos pusimos todos lindos tirados en el pasto. El solcito del atardecer nos tostaba la piel mientras tomabamos mate picados por las hormigas. Estuvimos hablando por mucho tiempo de que estabamos viviendo la plenitud de la vida y eso era re buena onda. Como si fuesemos los protagonistas de una película yankee californiana donde los personajes son jovenes, rubios y surfistas pasando por su mejor momento. Todo esto me pareció genial. Ese día me gustó uno de ellos. Pensé que no tenía chance; pero después nos conocimos mejor y hoy somos novios. El toca el bajo en una banda de reggae de la ciudad. No me pierdo ninguno de sus recitales; suelo ir a verlos con mi amiga Caro. Como nuestros novios cotizan alto en el ambiente reggae, tenemos que ir a marcar territorio: hacer acto de presencia y procurar que las rastas no les tiren bombachas o les regalen sus mejores pipas en afán de conquistarlos. Pero tampoco somos unas novias policia; tiramos simpleza y buenas vibras al aire mientras en trance bailamos sus mejores hits. Con Caro me reencuentro en todas las vidas porque en realidad siempre fuimos groupies por naturaleza.

1 comentario:

pogo