23 febrero 2014

En la esquina de mi casa hay una iglesia evangelista. Cada vez que paso siento un poco de vergüenza de vivir en la cuadra. A veces se escucha desde mi patio el estruendo de la batería evangelizadora o ciertos grititos de fe. Con mis primos en la cena de navidad pensamos en poner una iglesia con fines burgueses; yo sería la que se encarga de juntar el diezmo y mi primo sería el pastor (es alto orador). Pondríamos a nuestras hermanas menores para la sección musical porque tienen carisma y miraron mucho Panam de chiquitas. A pesar de hacernos los cancheros creo que no seríamos tan garcas. No hay que jugar con la fe de la gente. Hay gente que necesita de la religión para rescatarse, como los drogadictos o los asesinos seriales. Una vez, una compañera de trabajo me contó que fue madrina en un casamiento evangelista. Compartió el honor con una persona que había matado a varias otras pero la religión lo salvó realmente. Me acuerdo que me lo contó enojada, no creía en la salvación de la gente. En realidad no creía en nada. Nada que ver con la novia de mi primo. Ella dejó de ir a la iglesia porque el le decía que era una rara y que le sacaban la plata. No le importaba el tema de perder; ser una rara era lo que le parecía un bajón. No tengo ni idea de como será el ritual por dentro. Supongo que debe ser un lugar donde la gente se anima a hacer cualquier cosa sin mediar con estupefacientes. Imagino pastores rompiendo corazones y jóvenes devotas flashear Andrea del Boca en sus brazos. Imagino milagros de todo tipo: adoradores que dejan de ser paralíticos luego de beber el elixir sagrado, monaguillos practicando telekinesis con billeteras, y un coro completamente guiado por el espíritu santo se sale del repertorio y empieza a cantar canciones de Pimpinela. Después de repasar los 22 discos del dúo y cortar por la mitad todos los temas, dicho coro tiene una revelación: se da cuenta de que sus ídolos son un afano. Así debe transcurrir una típica ceremonia, cada persona está en cualquiera y hace con eso un gran barullo. Cuanto menos se entienda todo mejor. Si yo fuera evangelista tocaría el bajo en la banda de la iglesia. Fantaseo con la idea de ser mi propio Dios.

19 febrero 2014

no me sale escribir cosas geniales
ya tuve mil casas y me quemé con todos sus hornos

no recuerdo el momento
en el que firmé el contrato para ser adulto
tartamudear en la oficina de la obra social
y aceptar por default
que las peleas se dan entre dos polos
que no se entienden

el consuelo: comprar crema para quemaduras
el imposible: conocerlo todo

nunca aprendí nada de masas
pero sé cuando alguien está hecho de lavadura
porque no puede parar de inflarse

al final quería decir más cosas
que esto no tenía nada que ver
con el instinto de conservación
pero no pude

11 febrero 2014

algo de lo que puedo hablar

sentarse en la mitad del colectivo
es como sentarse en la mitad de la vida
podés no tener vistos a todos los pasajeros
pero tenés que tener decidido
de qué lado te vas a bajar

yo, lo único que sé es que
la locura habita siempre
un asiento más adelante
siento que me mira de reojo
se reclina sobre sí misma
pero habla sola
habla con los espectros
¿le hablará a su marido muerto?
¿le dirá palabras cansadas a su gato perdido?
¿y si está solamente recordando amigos?

porque la locura no es recordar historias
la locura tiene que ser recordar sensaciones

después de enumerar todo lo que ya hiciste,
elegir hacer algo para no volverte loco

me estoy bajando
sin conocerle la cara

10 febrero 2014

Una chica se enamoró de un chico que llevaba armas de destrucción masiva en el auto durante su primera cita. Vivir es a veces hacer lo que tengas ganas. Me sumé a un proyecto literario y decidí que no voy a responder hasta que no tenga nada bueno para decir. Tampoco voy a bailar música africana, porque no es lo mio. Vivir es no tener miedo de improvisar. Durante sus giras, Michael Jackson bailaba en pijama desde el balcón del hotel. Un día, David Bowie decidió cambiar su desayuno de salchichas en presencia de Morrisey. Vivir también es pasarse de rosca. Hace tres semanas descubrí que hablo sola. Digo cosas incoherentes sin parar: antes de dormirme, en la parada del colectivo, bajo la ducha, en la librería. Anoche estaba pensando en ponerle el remedio para la conjuntivitis a mi perra, y en voz alta dije: "hay que vivir para contarlo". Pero vivir también es fantasear para vivir. Macedonio Fernández escribió que los mundos no se combaten simultáneos, sino que conviven en armonía. Los mundos no se inventaron para ser antípodas, uno es el desprendimiento del otro, como célula nueva después de la mitosis. Un mundo es la madre del otro y así sucesivamente. Bueno, en realidad no, Macedonio no dijo nada. O sí, dijo demasiado, pero no esto. Vivir debe ser no tener la mente quieta. Leer un libro de cocina, uno de antropología, uno de botánica, uno marxista. Todos con la misma atención. Todos antes de que amanezca.

pogo