16 octubre 2013

cuando tengo que buscar

Estuve buscando tu recuerdo por toda la casa
estuve buscándolo en los baúles y los roperos.
estuve haciendo de la búsqueda una aventura,
y del silencio de la aventura, un artificio color
sol.


Me quedé inmóvil frente a las naranjas recién inventadas de una miel cítrica, mientras escuché que algo me susurraba que las use como ofrenda. En la cocina, los animales no paraban de entrar por las ventanas, así que tuve que buscar un mejor lugar para esconderlas. Ellas, las naranjas, acurrucadas en mi vestido, parecían desarmarse con cada paso que daba. Me puse inquieta, porque todos los escondites que siempre usaba se movían de lugar con el tic tac del reloj. Parecía que se me reían, abierta y monstruosamente en la cara. "No importa", pensé, "nadie las va a encontrar en el jardín delantero". Así que fui hasta el jardín más recortado de la casa, con las naranjas acurrucadas en mi vestido, ya casi desechas. Pero los animales habían descubierto también la parte delantera, y no paraban de entrar por las ventanas; ya entraban por todos lados, por las ventanas, por las puertas, y alguien me dijo que por el techo. No sé de dónde venían tantos animales, pero los veía avanzar como dibujando la rosa de los vientos hacia su centro. Tampoco sé como es que hacían para entrar todos y cada vez más en una casa tan chica. Me los imaginé amontonados, jugando con sus cuerpos al tetrix, y la construcción inflándose como una nube brillante y rellena. "Va a explotar", le dije a nadie, observando todo lo que pasaba desde el jardín. Tiré lo que quedaba de las naranjas, mi vestido abrazado a los cítricos y la miel. Y me pregunté por qué siempre guardamos las cosas invisibles en lugares visibles. Me fui, sin el tesoro y sin tu recuerdo. 

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