31 agosto 2013

aries en mi

estoy enamorada de un dios
que se multiplica en los espejos
no puedo más que aliviarme al
sentir su poder sobre mi
cuando junta del piso el vidrio
la noche después del vino
para volver a armar mi cuerpo
roto en el hábito de los amantes

como fué la primera vez
como si mi eje no se hubiese movido
en el momento en el que pactaste
adentro mio

entonces mi dios piensa
que es increíble como el tiempo
en una hora me define
y si la abstracción está
hecha de tiempo
las abstracciones rellenan
mis filamentos

son conductos eléctricos
nada me define salvo
el elemento

el movimiento pendular en el tiempo




02 agosto 2013

mi primo

La familia es ese complejo sistema planetario cuyos filamentos son indivisibles.


Estaba en la costa de algún lugar de Amalfi; estaba usando un auto que no era mio; estaba persiguiendo a alguien que en sus huellas confusas me dio a entender que iba a cometer una locura ¿Por qué no hacerlo en otro lugar? Estaba ahí para frenar algo, que se esfumo con la brisa sutil y mis ensueños de agua cristalina. Eso no era lo que el destino tenía guardado para mi. Estaba sumida en la emoción frenética de mi misión, cuando alguien vino de la nada y me estrecho en sus brazos. Ahí entendí todo, lo miré y supe quien era. No hacía falta que dijera nada. Era mi primo, el que nunca conocí. Tenía los ojos claros de mi abuelo, la nariz punteada, el pelo lacio y rubio. Lo miré fugazmente y supe lo que iba a decir. No lloramos, nos reímos a carcajadas. Me dijo que hacía rato que me estaba buscando, que se había sentido tentado de mover montañas y mares. Estuve en la cama un cuarto de hora llorando. Uno llora de alegría o de tristeza. Pero yo no sé por qué lloré tanto.

Como si contuviera todo un océano adentro mio; y el agua simplemente estuviera buscando una vertiente. Sé que tengo un tío que no conozco. No lo conozco porque a veces la vida se encarga de alojarnos en distintos universos, aunque por otro lado la respiración de los estrellas formen constelaciones que parecen rozarse. Entonces a los que nos toca estar juntos, por razones extrañas, nos agrupamos en esos sistemas que inhalan y exhalan sincronicamente. De esa sincronía también emerge el caos, pero ese es un tema aparte.

Hace muchos años mi abuela me contó que su marido la había engañado por mucho tiempo. Un día cualquiera descubrió una carta de la otra mujer, en la que le agradecía por una cadenita de oro. Además le mandaba una foto del hijo que habían tenido, Daniel. No me quise imaginar el golpe helado y violento del hallazgo. Mi mamá solo tenía ocho meses. Contadas veces esto fue un tema de conversación. Debe ser hereditario esto de evitar hablar acerca de lo que nos duele.

Tardamos muy poco en olvidarnos de las heridas. Es como un mecanismo de autodefensa. Todo está ahí, debajo de la piel. Si elegís cortar, no sabes con que clase de recuerdos te podes encontrar.

Pero mi primo también está ahí, esperando que alguien ofrende su tierra para poder finalmente unir el puente.


pogo