14 julio 2013

estar rodeada

Menos mal que estoy rodeada de plantas. Al lado mio hay una taza que parece ramificarse en verde, flores lilas con una pizca de amarillo. La taza la compro mi mamá junto con otras tazas un día antes de mi cumpleaños. También compro otras cosas, pero eso fue lo más significativo. Quiero seguir hablando de cosas significativas, seguir hablando de las plantas, porque estoy rodeada de ellas. Mi mamá se encarga de que en la casa haya muchas plantas, sobre todo afuera, también macetas apoyadas en los ventanales. Generalmente en los ventanales hay cactus y crasas, junto con alguna planta caduca que suele morirse antes de que cambie la estación. Después en el jardín, que a veces parece una selva, hay todo tipo de plantas, pero las que tienen más protagonismo son el jazmín (jasminum fruticans), la photinia y el limonero; los dos primeros por su prominencia selvática. Cuando miro las plantas no me siento tan sola. Por suerte también hay plantas adentro, menos en el baño. Me gustaría tener plantas en el baño, pero para eso habría que desterrar la moda arquitectónica de los baños con extractores y sin ventanas. Las plantas no sobreviven a los baños sin respiración real. Se ponen tristes y la respiración lo es todo. Yo no tengo tanta mano para las plantas como mi mamá. El año pasado fui a una charla sobre el cuidado del bonsai, quedé fascinada con el crecimiento de sus raíces. Cortárselas es todo un arte, el arte de la paciencia dice la filosofía oriental. Entonces me propuse experimentar con un bonsai que le regalaron a mi mamá hace años, según mis cálculos era momento de cortarle las raíces. Pero nunca lo hice, no me atreví, creo que ahí se atasco todo. Tenía mi oportunidad para aprender a cortar raíces y no la supe aprovechar.
Y ahora estamos en invierno, adentro y afuera.

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