20 julio 2013

fragmentos de otra cotidiana que no soy

Quería decirte que ojalá te vayas a dar una vuelta en bici por la galaxia y no regreses nunca.

Hoy volví a usar la bici roja. Recuerdo que la última vez que la usé, hacia un par de días que te habías ido a Brasil. Yo estaba en uno de esos trances, que parecía que me iba a dar una vuelta de 180°, mirarme al espejo y saludarme multiforme. Entonces, agarré la bici y pedalee hasta el mar. En el camino casi me mato. Siempre que estaba arriba de esa bicicleta contemplaba un suicidio seguro. Pero no había intención suicida, solo quería un poco de aire. Sin frenos, propensa a las espesas bajadas de mogotes, pero más propensa a  terminar con mi emoción sumergida en un fango crepuscular. Todos los lugares comunes parecían tan eternos, las luces del semáforo, las bocinas, el aire caliente de diciembre, las voces como susurros de la plaza, el asfalto abrazando las ruedas. La única que estaba fuera de suspensión era yo, corría a mil kilómetros por hora alrededor del perímetro circular de mi cabeza. No sé como no me prendí fuego. Cuando logré retornar a casa el sol había caído, fumé treinta cigarrillos y bailé un popurrí incoherente. También hable con todos. Con algunos, cosas triviales. Con otros, la incomprensión. Le dije a Florencia: quiero gritar, llorar e irme a México; en ese orden. Todavía no había agotado mis energías. Quería salir y era lunes. Ya no me acuerdo más. Solo esa sensación tácita de lo que nunca acontece. 
Por suerte la bici hoy tenía frenos, al igual que mis pensamientos. El orden.

14 julio 2013

estar rodeada

Menos mal que estoy rodeada de plantas. Al lado mio hay una taza que parece ramificarse en verde, flores lilas con una pizca de amarillo. La taza la compro mi mamá junto con otras tazas un día antes de mi cumpleaños. También compro otras cosas, pero eso fue lo más significativo. Quiero seguir hablando de cosas significativas, seguir hablando de las plantas, porque estoy rodeada de ellas. Mi mamá se encarga de que en la casa haya muchas plantas, sobre todo afuera, también macetas apoyadas en los ventanales. Generalmente en los ventanales hay cactus y crasas, junto con alguna planta caduca que suele morirse antes de que cambie la estación. Después en el jardín, que a veces parece una selva, hay todo tipo de plantas, pero las que tienen más protagonismo son el jazmín (jasminum fruticans), la photinia y el limonero; los dos primeros por su prominencia selvática. Cuando miro las plantas no me siento tan sola. Por suerte también hay plantas adentro, menos en el baño. Me gustaría tener plantas en el baño, pero para eso habría que desterrar la moda arquitectónica de los baños con extractores y sin ventanas. Las plantas no sobreviven a los baños sin respiración real. Se ponen tristes y la respiración lo es todo. Yo no tengo tanta mano para las plantas como mi mamá. El año pasado fui a una charla sobre el cuidado del bonsai, quedé fascinada con el crecimiento de sus raíces. Cortárselas es todo un arte, el arte de la paciencia dice la filosofía oriental. Entonces me propuse experimentar con un bonsai que le regalaron a mi mamá hace años, según mis cálculos era momento de cortarle las raíces. Pero nunca lo hice, no me atreví, creo que ahí se atasco todo. Tenía mi oportunidad para aprender a cortar raíces y no la supe aprovechar.
Y ahora estamos en invierno, adentro y afuera.

13 julio 2013

cualesquiera

Puedo tomarme
un ratito para
reirme de todo
desde afuera
hacia adentro
porque ahora
soy un bicho
más o pareciera
que lo soy pero
la realidad es
que si estoy
segura de algo
es de estar
simulando hacer
las cosas en mi
contra cuando
además soy una
desafilada y
aunque eso
-a veces-
sea hermoso
sin humedad
mi poema se
hizo chiquito
y entonces yo
ya acabé
con todos.

pogo