21 junio 2013

Violeta brillando

Ella tenía un costurero inmenso en forma de corazón donde guardaba los hilos de bordar, las fotos carnet de sus nietos y unas agujas inmensas que siempre le pinchaban los recuerdos. Adentro y afuera del costurero había un par de historietas que atrapaba con agilidad la punta de su dedal. Pero su corazón, al igual que su costurero, estaba lleno de ese amor blanco colmado de suaves y amargas preocupaciones de abuela. Su casa aureolada de santos y juegos de té heredados de casamientos familiares antaños, te sustraía a una atmósfera de coquetería, perfumada no cualquiera. Porque sagrado el té de rosa mosqueta de desayuno, y con cedrón después de cada comida. Aunque el mate, como estampita al lado de la máquina de coser, para acompañar el paso de las horas, pero más con una sonrisa a quien en compañía le cebara uno. Romper su práctica era levantarse para discar en su teléfono rojo los números, que borroneados del hábito religioso de ser discados, llamaban a la casa de sus dos perlas mejor labradas, sus hijos. Acto que le permitía apreciar por la ventana de cortinas traslúcidas, si en su jardín aún permanecían a salvo sus malvones y alegrías del hogar del perro del vecino. 
Los nietos saben que no era solo eso, que entrar en su casa era el nacarado desafío de los pequeños aunque grandes piratas. Encontraban tesoros de toda clase, porque siempre habían tesoros: cuerpos de fotos con ropas pomposas en blanco y negro, botones de oro, cajitas musicales, billetes viejos, caramelos, perfumes y jabones tallados, cartas de amor, suspiros, novelas eróticas. Por ultimo la celebración, saltar todos juntos, aún con los diminutos zapatos de charol puestos, sobre su cama de terciopelo violeta. Si se quedaban a dormir, compartían sueños profundos donde la espesura de las rosaledas y siemprevivas los invitaban a jugar a las escondidas.

15 junio 2013

algunos, somos seres superpoblados e indecorosos

¿Qué sería lo indecoroso? Después de poder palpar todos los marcos de lo inacabado, siento que me vuelvo pálida de sensación y cualquier siguiente escena podría: a) forzar mi elocución hasta el hartazgo; o b) no importarme por completo. Aunque hay que destacar que cualquier cuerpo de verano, si quisiera, me podría arrastrar como lo hace el mar con las algas y envolverme en el silencio de lo conocido. En ese caso no habría vientos que cortaran la piel de las nínfulas, sino que se traducirían en aterciopeladas caricias.  Entonces yo, tranquila en el devenir de las suavidades, podría dar libertad a la vieja mariposa de hiel que, enjaulada, vive en mi.
A pesar de que sabemos que no hay verano sin marcas, no habrían expectativas que no se llenasen sumergiendose en todo lo que duerme en el interior del cuadro; y el mundo de su materialidad podría mezclarse hasta imitar la plasmada cosmografía del juego del niño. Porque hay niños, porque los niños son necesarios en la decoración de lo inacabado. Por eso sabemos que se puede tomar el té con los niños y rellenar las teteras con sus juegos en cualquier balcón de un sueño soñado en un círculo polar, con el pintalabios corrido y un artilugio que obre como llamamiento. Obras de pies y manos colgadas con imanes en las heladeras de las madres, otro punto para abrir la puerta que lleva al laberinto del sentimiento.
Pero por favor, abramos las puertas como abrimos la boca que despliega el juego y antes, el llamamiento. Sí, hoy podemos decir que abrir puertas es la significación de la condecoración, pero nunca será el hecho que pinte las acciones con palabras, mucho menos las palabras con acciones, y con esto: un bramido de sol a sol. El grito de la loca que afirma que su universo pictorico es un cuadro con la luz que lo atraviesa en cada uno de sus vértices. Un grito que actua como la verdad desdoblada cuando dice que todo lo indecoroso es, al fin y al cabo, ser presa de su propio deseo

insaciable

¡!

07 junio 2013

suposiciones

si se le ocurriese volver a llamarme -con el motivo de proporcionarse una de sus clásicas sobredosis de ego-, estoy segura de que accedería
no por enamorada
sino por idiota

pero prefiero atragantarme con las peonías que nadan en mi florero antes que responder al estatismo this is what makes us girls.

maldiciones familiares

en el devenir de los manuales de instrucciones
todo tendría que ser menos ruidoso
o con ese xilofón suave que suena en
las películas para representar las escenas
de padres e hijos

pero la lengua de todas las maldiciones familiares
dice otra cosa
entonces hay golpes repetidos en el silencio
de las noches de los padres ausentes
y manos de los presentes que tiran
hacia abajo el enmarañado nudo
del pubescente

cuando lo que no debería olvidarse
es lo más olvidado

esto lo supe de una compañera
que en cualquier ánimo
deslizó esos pasajes enfundados de
alegorías en mi mente
y que resonaron cabizbajos como
todo lo que uno llora en intentos
erratas

de ese modo concluyó que la importancia radicaba en
despoblarse de las herencias malditas

pogo