29 septiembre 2012

de puerta en puerta

(Entraste en la sala donde las luces opacas y viejas ya no alumbraban lo de siempre. Ahí tus letras hechas de señales. Te gustaba jugar a ser oscura y lo mostrabas sin detalles o detalladamente hasta el último ápice de tu sentir. Entraste tóxica y semidormida de corteza cargada. Parecía que te negabas a florecer una vez resuelto el tallo y rama. Entraste loca en metáfora y anáfora intentando mutilar toda consonante en susurros. Estabas loca de tanta tierra que hasta te diste una vuelta de 180° y me saludaste multiforme. Preferí no verte, estaba viviendo mi inocencia a punta diamante con el cuerpo hecho de avena y miel; y eso que tuve tantos cuerpos como blogs y proezas. Continuo al flujo de tu rugido te encontré repulsiva y con tanta cocaína en tu elemento que me pregunté en silencio si esa eras vos o si esa era yo viéndote ahí. Abrí esa puerta y aún así preferí no verte. Esto de jugar con el tiempo me lo regaló mi abuela hecho cofre junto con agujas, hilo y botones. Gracias a mi abuela, ahora sé abrir puertas. No le quiero decir a todo el mundo lo que la extraño, porque mañana cumple 72 años. Quiero cerrar esa puerta, pero eso no me lo enseñó, o quizá no la escuché. Se me da mal escuchar. Escribo todo entre paréntesis para que pase desapercibido.)

pogo