31 agosto 2012

eter

Estaba el cielo
estaba el cielo siendo cielo
formándose en su espesura y su fulgor.
Estaba el cielo en su anchura y su figura,
destellando lucesitas prestadas estaba el cielo.
Murmurando y dándose a luz,
meditando el sonido de todos los sonidos,
arrullando sobre los átomos de sus notas.
Era el cielo y de sí mismo brotaban otros cielos.

Nacían pequeños cielos peatones, cielos caminantes,
cielos eléctricos, cielos espectrales.
Cielos disolviéndose en otros cielos,
eran los que rumiaban entre los otros,
verdosos o color plata,
amantes de las cuerdas o amantes de la resonancia.

Habían de los que jugaban siendo astros,
volaban a través de sus conciencias oníricas
ensoñandose en sus estructuras,
se conjugaban en sonidos, luces y elementos.
Modificaban, como quien modifica un silencio,
la sustancia y el propósito,
andaban sin prisa buscando los Ases lumínicos de la conciencia.
Los más cautos recolectaban los manuscritos sagrados en la tierra,
atrapaban del aire todo punto de convergencia,
más tarde se convirtieron en Mente planetaria, en sonoridad sánscrita.

Sin embargo, habían cielos audaces,
cielos que se negaban a nacer,
pululando sobre la corteza de la matriz.
Cielos en esencia, colmados de miedo,
miedo a Ser.

Y me pregunto ¿qué es lo que me corresponde a vos,
cielo no nato, cielo virgen?
Si en mi, soy la conciencia.
Conciencia sonora, conciencia botánica,
Conciencia nacida del sol,
Conciencia astral,
configuracion que roza tus filamentos.
Estoy en vos
(aunque prescindas, conciencia durmiente),
y en vos soy.

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