25 junio 2012

Paloma

Anoche huí de un presagio coloquial. Resultaba ser una forma imperativa más, alguna poesía en desuso. Hurgué entre mis bolsillos buscando algún aroma que funcione cual Rosa de los Vientos. Susurré a mis vecinos noctámbulos. Preparé mis alas que ilusionadas se crisparon cual felino. Dí el alimento a mis aves. Recité unas palabras de algún poeta muerto en forma de conjuro. Busqué en ellas el movimiento casual, aquello que encastra perfecto sin perder el ondulante poder de cautivarnos, inducirnos a la sorpresa inocua. La azotea siempre chispeante, en ese momento taciturna, el silencio ensordecedor como antesala del prologo que dará lugar a la escena. Percibí la incertidumbre sobre mis pantorrillas. Me permití flaquear por una milésima de mi subsistencia. Respiré el mundo, contuve las lágrimas, volví a respirar el mundo respirandome a mi misma, sintiendome célula planetaria....
Deslicé mis brazos en el aire, me fusioné en el, nos integramos, fuimos Uno ¡Fuí Aire!
Anoche abandoné la azotea para siempre.

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