31 diciembre 2011

detalles alegres

Libros nuevos dentro de carteras con muchos viajes. Infinitos.
Esa es la manutención.
agradezco a
Merlín dentro de cada árbol, núcleo eterno
a las pleyades
a alcyone de guía
A las ondas encantadas
A los senderos que bifurcan mi libre albedrío
a los corazones que son células titilantes de todas las Galaxias
que son nuestras estrellas, que son la luz palpable.
Y a cada minúsculo radión de tiempo.
A-men

08 diciembre 2011

la multidimensionalidad en el Sur

En la ecuanimidad del momento, surge la intervención:
crear en fusión con la Luz, perpetuar las imágenes y los sonidos
que atraviesan, que comparten, sabiduría equidistante.
Espacios que proyecto:
estalactitas de colores;
desplegandose cual girasol que gira-al-sol,
expresión de amor,
avance a otra dimensión, por favor, mi Señor.
Esporas, éxtasis... hay ríos, hay Puentes!
Sobretodo puentes, cimbreante es el tráfico,
oscilan todos al Trópico de Cancer,
resplandeciente cohesión.
En los bolsillos llevo:
mariposas, remembranzas titilantes,
rutas esbozandose en rayos, semirayos,
Estrellas Fugaces, deseos de aventurarse,
materialización pensante, constante;
mi nube emanada por mi Padre,
mi Dios omniabarcante.

02 diciembre 2011

enlazador rítmico

Como el lado seco de una rosa,
que intrínsecamente va dejando su perfume
a quien roza, a quien secretamente ama.
Como un cuarzo roto, vestigios de un pasado,
el caos del presente, y sin futuro solo la permanencia,
moléculas vacías que abandonan su hogar.
Solo la piel, el lago vacío nos contempla
desde su iridiscente geografía.
Una vez hubo todo,
polvo, amor, corazón,
un lago, un Sol.
¿Y dónde está el Rey? pregunto,
se vuelve eco silencioso,
que persiste, abrumador.
Nunca estuvo, nunca fué... Real.

23 noviembre 2011

hola noviembre

Extraño algún sistema un poco tácito en consideración con los soliloquios presentes en mi cabeza. Los jazmines en la mesa sientan bien a las almas que oportunamente rezan y, en forma autocomplaciente, salen a conquistar los mares, cada noche... especialmente cuando es verano en el Trópico de Capricornio.

29 octubre 2011

Sistema akáshico


Canalización en vivo de Kryon por Lee Carroll

Para ayudar al lector, esta canalización ha sido revisada [por Lee y Kryon] para proporcionar una mayor comprensión. Muchas veces, los mensajes de Kryon canalizados en vivo contienen una energía que se transmite emocionalmente y no está presente en la página impresa. Así que disfruten de este mensaje mejorado presentado en Siracusa en Septiembre de 2010.

Saludos, queridos, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.

Los maestros tenían una frase: “Está bien conmigo, está bien con mi alma”. Lo decían incluso cuando estaban por morir, en momentos frustrantes y en momentos de dificultad. Esto se debía a que ellos se enfocaban en una cosa y en una realidad: que el amor de Dios en su interior crea el amor por uno mismo. Lo hemos dicho antes. Lo hemos canalizado muchas veces. Incluso les hemos dicho que es el secreto de la maestría. Vayan al lugar donde están contentos con lo que está en ustedes, que es Dios, y dejen que todas las demás cosas que los rodean se desarrollen poco a poco apropiadamente a medida que aprenden qué hacer con su vida. No decidan de antemano hacia dónde van a ir ni qué van a hacer.

Dentro de poco, presentaremos una canalización que describe la diferencia de energía entre el pasado muy antiguo, el pasado relativo y la energía que está en el cambio. Vamos a dar los atributos de cómo maneja los detalles un Trabajador de la Luz y cómo han cambiado las cosas. Está próxima [dada en Buffalo, Nueva York]. Pero no es para hoy.

Hoy quiero darles la profundidad del sistema akáshico que es Gaia y la humanidad. Lo que quiero hacer es explicarles su relación con un sistema que aparentemente es complejo y esotérico, pero que, literalmente, define su relación con la tierra. De vez en cuando voy a presentar este tipo de canalización, donde absolutamente nada en el mensaje sea algo que se pueda probar. No es ciencia, sino que es espiritual, y ésta es acerca de ustedes.

¿Será posible que el único propósito de Gaia sea apoyar a la humanidad? ¿Será posible que los Seres Humanos no sean simplemente otro mamífero en un planeta que se mueve alrededor del sol? ¿Será posible que la energía producida por la frecuencia vibratoria de este planeta se base en lo que la humanidad hace y realmente afecte al Universo? La respuesta a todo, es sí. Así que si ése es el caso, ¿qué clase de sistema se estableció para permitir tal cosa? De eso vamos a hablar ahora en este breve período de tiempo.

La Energía del Planeta y el Akasha

Hablemos de Gaia y el Akasha. Habrán oído que Gaia es una energía, la del planeta Tierra. Gaia es sensible [consciente]; Gaia tiene una inteligencia innata; por lo tanto, Gaia tiene una conciencia inteligente que “sabe” de ustedes. Gaia es capaz de conversar y de hablar, tanto como lo hace Kryon. Si han oído eso, están en lo cierto.

La energía de Gaia habla de muchas maneras, y una de ellas se ve al observar el Akasha. Si le preguntaran a Gaia qué es eso, lo definiría como la “fuerza de vida del planeta.” Esto toma en consideración todo lo que está vivo, incluyendo aquellas cosas que ustedes ni siquiera creen que están vivas. Así que el concepto del Akasha de Gaia es enorme y es grandioso. Pero esta noche quiero hablar específicamente del sistema de Gaia del Akasha del Ser Humano en relación con la tierra. Hablamos de la cooperación de Gaia en la experiencia espiritual humana, y de que esencialmente todo gira en torno al Humano, incluso el propósito del planeta.

Si empezamos desde el principio y damos definiciones simples, diremos que existe un sistema para mantener un registro de quién está en la tierra. Ahora bien, tal vez piensen que el Espíritu no necesita un sistema en absoluto, y estarían en lo cierto. Pero Gaia sí, y hay una razón. Porque cada alma humana que viene a este lugar llamado Tierra marca una diferencia como una energía única que realmente modifica la fuerza de vida de Gaia. Por eso, cuando llega esa alma, Gaia crea un registro, y mucho más. Así que aquí tienen los detalles.

La Cueva de la Creación

Muchas veces he revisado un concepto con ustedes que les presento de nuevo. En lo profundo de la tierra hay una caverna interdimensional que nunca será hallada. Tiene características tridimensionales que la conectan con la realidad de la Tierra , pero también es multidimensional. Es difícil explicarles esto, ya que ustedes sólo perciben la realidad en una dimensión de un solo dígito.

Así que yo podría explicarles todo lo que quiera, pero mis explicaciones no bastarían para que comprendieran. Sería como si les hablara en su idioma y de pronto cambiara a otro que nunca han escuchado, donde las palabras están revueltas, hacia atrás, y todas vueltas a colocar de una manera no-lineal. No sólo no entenderían el mensaje, sino que el extraño lenguaje en sí sería perturbador de escuchar. Así es como ven ustedes las cosas multidimensionales: caóticas. Pero al menos voy a darles la información lo mejor que pueda, de manera que conozcan el “qué” aunque no el “cómo”.

La Cueva de la Creación es uno de los únicos objetos físicos en el planeta que es un híbrido dimensional. Es decir, que tiene propiedades tridimensionales que absolutamente podrían ver y entender si fuera visible, cosa que no es, porque nunca se la puede encontrar ni detectar, y no va a suceder. Dentro de este lugar multidimensional está el registro de quiénes son ustedes. Les repito, se llama la Cueva de la Creación.

Cuando ustedes llegan al planeta, éste es el primer lugar que visitan, incluso antes que el canal de parto. Al partir del planeta, es el último lugar que visitan antes de regresar a casa. Por lo tanto, es el depósito del registro de la humanidad; todas las vidas que ha vivido la humanidad y la esencia álmica básica de quién es cada uno de ustedes. Aquí tienen más información acerca de cómo funciona. Es el Registro Akáshico.

Cada alma en la Cueva de la Creación es única. Tomemos la suya, por ejemplo. ¿Cuál es su nombre espiritual? No es un nombre que puedan pronunciar, queridos, sino más bien una energía. Ese nombre energético es en parte el nombre de Dios y está registrado en la Cueva de la Creación metafóricamente, como una franja en una estructura cristalina. Se podría decir que la estructura cristalina es la que recuerda la vibración de quiénes fueron ustedes. Así que cuando vienen al planeta por primera vez, hay una estructura cristalina esperando por ustedes (dado que se conoce el potencial de su llegada). Mientras viven en el planeta Tierra, Gaia y todo el sistema “saben” que están aquí. Luego cruzan al otro lado del velo. Al partir, visitan la cueva de nuevo y le agregan a esa estructura cristalina la energía de todo lo que han hecho. Luego se marchan de la tierra, pero la estructura cristalina con su información se queda.

Ahora, digamos que regresan a la Tierra , y van a vivir otra vida y a tener otro nombre terrenal. Antes de llegar al canal de parto, se le agrega otra franja a la estructura cristalina. Nota: Es la misma alma, pero ahora tiene la franja número dos. Ya que se desarrolla en el planeta, la cueva sabe que ustedes van a volver y van a activar o despertar la franja cada vez que regresen. Así que, por lo tanto, hay una estructura cristalina para cada alma, no para cada vida. ¡Algunas de las almas representadas tienen mil franjas! Así que tal vez puedan entender que hay muchos menos de estos registros álmicos cristalinos de lo que pensaban. Uno por cada alma, no por cada vida.

Ahora quiero decirles algo: Hay almas viejas en esta sala y leyendo esto. Eso es lo que ustedes son. Incluso uno o dos que están aquí y que han venido a este lugar no necesariamente por el programa, sino para acompañar a alguien más, también son almas viejas. No es necesario saber acerca de cosas espirituales para ser un alma vieja. Muchos caminan por esta tierra y nunca despiertan a lo que son, porque ése es su libre albedrío. Pero el hecho es que los Humanos que acuden a menudo a reuniones de este tipo son los que sienten el llamado a ser parte de un cambio del planeta, el final de una era y el comienzo de otra. Son aquellos cuyos ojos están puestos ahora en esta página.

Las Misteriosas Funciones de la Cueva

Entonces, la Cueva de la Creación se convierte en el registro de Gaia de quién está aquí y quién ha estado aquí. Esto, entonces, es la parte física. Lo que les diré a continuación es la parte interdimensional que le resulta confusa al Ser Humano. Escuchen: La cueva es estática en 3D y, sin embargo, es dinámica en dimensiones múltiples; es decir, nunca se añade ni se retira ningún cristal en 3D. Eso significa que existe una estructura cristalina para cada Ser Humano potencial que vaya a vivir alguna vez en el planeta Tierra. Ahora podrían decir: “Oh, no, eso no tiene sentido. Suena a predestinación. ¿Acaso el Espíritu conoce a todos los que van a venir?” No, no lo sabemos, pero eso no es predestinación. Más bien, la cueva está predispuesta de una manera cuántica para estar completa en todo momento. Una energía cuántica trata con potenciales, y no con atributos empíricos [absolutos]. Por lo tanto, a medida que cambian las cosas en el planeta, la cueva cambia cuánticamente, pero no físicamente. El recuento de las estructuras cristalinas no cambia. No puedo explicarles esto, excepto para decir que éste es un evento cuántico. La cueva siempre está completa. Siempre tiene a toda la humanidad en ella. Está conectada con el pasado, presente y futuro.

Lo más confuso para ustedes es que esto significa que en realidad están interactuando con aquellos que todavía no están aquí. De nuevo, no puedo darles una mejor explicación y su mente tridimensional no está lista para hacer ese viaje. Pero sepan esto.

La cueva está completa.

Es sagrada.

Está sellada para siempre.

Los cristales álmicos recuerdan sus vidas y la energía de sus vidas.

Las energías álmicas dentro de los cristales interactúan entre sí.

Las vidas que ustedes viven modifican la energía de la cueva y, por lo tanto, la de Gaia.

Gaia está ahí, dado que la cueva reside interdimensionalmente dentro de Gaia.

Así que, en resumen, esta cueva se convierte en el registro de las almas, de sus muchas vidas y de la energía que ellas crean. Ahora escúchenme, porque éste es el punto central de este mensaje. Cualquier cosa que hagan en el planeta, cualquier energía vibratoria que creen en el planeta, se instila en estas sustancias cristalinas. El registro de la energía de esa vida permanece en el planeta, con la vibración que la acompaña, dentro de ese cristal, para siempre.

María y Jorge

Digamos que esta noche eres María. Voy a hablarte. María, cuando hagas tu transición, irás a la cueva. Es un viaje de 3 días de la Tierra. María , alma vieja, ya has estado allí antes. Oh, María, has estado allí antes, y por eso vas allí con alegría. ¡Te acuerdas! Tú sabes adónde vas, y recuerdas lo que significa. Estás yendo a casa. No hay ningún dolor en la muerte, ya que aunque tal vez haya una neblina temporal de reconexión interdimensional, ¡tú recuerdas la sensación de alegría! Ésta es nuestra promesa, María, todos te tomamos de la mano y tú lo sientes. La muerte del Ser Humano es una energía de transición, no una energía terminal. No hay ningún “fin”, sino más bien un viaje hacia una energía que recuerdan en el momento de tomar su último aliento.

Digamos que María es una sanadora. Digamos que María ha incrementado la vibración de este planeta con tan sólo su presencia al caminar sobre la tierra. Digamos que la tierra recuerda los pasos de María, porque Gaia sabe quién es ella. Digamos que María está en contacto con su Yo Superior. Digamos que María ha creado un mini-portal dondequiera que va debido a eso, y ahora hace su transición.

Hay una reunión de Humanos... mucha tristeza. Están muy tristes de verla partir ya que ella era una presencia maravillosa, una madre extraordinaria y un Ser Humano amoroso. Ellos lloran y hay lágrimas y hay duelo. Bueno, aquí tienen la verdad metafísica: María va a la Cueva de la Creación y todo lo que ella fue, y el portal que creó como Humano, está impregnado en su estructura cristalina álmica. ¡Ese portal permanece luego porque María estuvo aquí! ¡La maravillosa presencia, la madre extraordinaria y el Humano amoroso no se desperdician! Está impregnado en Gaia misma, a través del proceso de la Cueva de la Creación , y esa energía de remembranza no se va nunca. ¡Jamás se va! Se convierte en parte de la conciencia de la fuerza vital de la tierra a partir de ese momento.

Luego ella regresa como Jorge.

[Risas]

No se rían, porque aquí está el proceso real y la belleza del sistema. ¿Listos? Cuando Jorge llega, ¡él recoge el registro de María! Luego ambos, Jorge y María, van a la siguiente área de enseñanza akáshica, la segunda de las cuatro partes que estamos enseñando hoy. El sistema continúa.

El Akasha dentro de su ADN

Todo lo que está representado en el cristalino de la Cueva de la Creación respecto a su cristal álmico esencial se transfiere a su ADN al nacer. Ustedes lo transfieren en la Cueva de la Creación. Por eso van allí. Se convierte en su Registro Akáshico personal, cada vida que vivieron, todo lo que hicieron alguna vez, está todo en su ADN. Como mencionamos antes, este Registro Akáshico reside en cada doble hélice de una manera multidimensional, ¡y está representado por los miles de millones de químicos en el 90% del ADN que la ciencia considera como chatarra! Los científicos lo están mirando con ojos tridimensionales y parece inmensamente complejo, sin simetría ni orden. ¡De hecho, es multidimensional al máximo! Pero todo está ahí, en un sistema hermoso. Les hemos dicho eso antes. ¿Tal vez no entendieron todas las implicaciones de lo que eso significa?

Piensen. Ahora Jorge tiene a Jorge y a María en su ADN, pero sólo el cuerpo de Jorge está allí. Entonces, ¿qué va a hacer Jorge con la vida de María en su ADN? Les daré la respuesta. Todo lo que María aprendió está disponible ahora para Jorge. Recuerden que María y Jorge son la misma alma, únicamente toma una forma diferente en Gaia en ese momento. La belleza del sistema es ésta: El Yo Superior también es el mismo, ya que representa la energía álmica básica. Por lo tanto, ¡Jorge no tiene que aprender de nuevo lo que María aprendió! Está en su ADN. Incluso la madre compasiva está ahí. El viaje espiritual de María está ahí, y a un nivel en el que no importa el género, el amor de Dios está ahí, creado por el viaje de un alma humana en el planeta Tierra.

Escúchenme. Ustedes vinieron a esta vida y se sientan en esa silla escuchando y leyendo esto, y hoy están aprendiendo cosas espirituales. ¿Piensan tal vez que hay una empinada curva de aprendizaje y mucho que saber? ¿Quizá todo esto es nuevo, y están abrumados con toda esta información y los sentimientos que la acompañan? Déjame decirte, alma vieja, que simplemente estás despertando algo que ya sabías. ¡Alma vieja, si das la intención, vas a recordarlo!

¿Y si eres un alma vieja en este planeta? Eso significa que tendrás la sabiduría de los antiguos en tu ADN en este momento. Eso significa que al leer cada página de un libro de Kryon, puedes decir, “Me acuerdo de esto. Es correcto. No hay nada nuevo aquí. Pero es bueno verlo por escrito.”

[Sonrisa de Kryon]

Veamos ahora los dos primeros atributos del Akasha de la humanidad. (1) La Cueva de la Creación es un registro de quién viene y quién va. La energía del mismo se queda con la tierra y ayuda a cambiar la vibración del planeta. Por lo tanto, las vidas humanas modifican la vibración del planeta. (2) El ADN de cada Humano contiene el registro individual del alma y ayuda a la próxima encarnación [expresión humana en la Tierra ] a volverse más consciente, si ésa es su elección.

Vean el primer atributo en esta lección: Está relacionado con Gaia. La cueva está en Gaia. Está en lo profundo de la tierra y representa muchas estructuras cristalinas. Ustedes son “conocidos por la tierra”. Son amados por la tierra. ¡Aquellos de ustedes que se ocupan de las cosas de la Tierra – la naturaleza, los animales, incluso el estudio de las rocas y el suelo – pueden sentirlo! Cuando caminan por ciertos lugares, ¡pueden sentirlo! La inteligencia, que es Gaia, les habla. Hay una confluencia de energía que se envuelve alrededor de ustedes y les dice: “Yo te conozco. Tú perteneces aquí. Es apropiado que camines por el planeta.” Oh, Ser Humano, porque lo que haces aquí a la larga cambiará el Universo. ¿No lo sientes? ¿Cuántos de ustedes han caminado alguna vez solos en un bosque y han sentido la compañía de los árboles? ¡Eso es real!

Animales

Yo hablo de los preciosos animales todo el tiempo y de cómo están aquí al servicio de la humanidad y cómo lo hacen tan completamente. He hablado acerca de cómo algunos de ellos están aquí para ser comidos. A muchos no les gusta oír esto, pero entiendan que, colectivamente, los animales lo entienden. Ellos tienen que ser parte de la cadena alimenticia humana, ya que la humanidad no tiene la capacidad de cultivar cosas lo suficientemente rápido y de distribuir ese alimento. Así que eso es un servicio, ¿lo ven? Aquellos de ustedes que son vegetarianos, tal vez digan: “¡Yo nunca me los como!” Ésa es una elección para su salud. Es apropiada y correcta, pero no es válida para la supervivencia de la raza humana, pues los animales son necesarios para la nutrición humana y la supervivencia en este momento.

Así que vamos a desviarnos por un momento y a darles una información valiosa sobre el consumo humano de la vida animal. Muchos Humanos necesitan comerlos, pero sin comprender nunca que el animal lo sabía cuando vino ¿Es demasiado escalofriante para ustedes? Esto lo saben quienes conocen acerca de los espíritus animales y pueden ver el sacrificio y lo apropiado de esto. También los antiguos lo sabían bien. Pero ésta es la pregunta, queridos Humanos: ¿Cómo los tratan? Con ese tipo de propósito en el planeta, ¿cómo los tratan antes de que se conviertan en su alimento? ¿Cómo los trataban los antiguos? Ahora bien, ésa es una pregunta difícil, ¿no? Déjenme darles un atributo veraz. ¿Sabían que mientras mejor se los trate, más nutritivos serán dentro de su cuerpo? “Kryon, por favor, no hables de eso. No queremos pensar en ello.” Queridos, si no lo hago yo, ¿entonces quién? Escuchen, si estos animales están dispuestos a venir y a ser una parte tan grande de la fuerza vital de este planeta y están dispuestos a ayudarlo a vibrar más alto, manteniéndolos vivos a ustedes para que puedan hacer elecciones, ¿no se merecen respeto y comodidad mientras crecen? El resultado final será una contribución mucho mayor para su salud. Que los científicos muestren el camino y hagan algunos estudios comparativos para demostrar que los valores nutricionales aumentan dramáticamente cuando se honra a un animal durante su corta vida. Los antiguos sabían esto y honraban a cada animal antes de que se convirtiese en parte de su fuerza vital.

No existe una Cueva de la Creación para los animales. Ellos están aquí en apoyo de la humanidad. Algunos de ellos están aquí para amarlos y ustedes lo saben. Hablamos de los que están en sus casas. Ellos están aquí para amarlos, otro gran servicio a los Humanos. Ustedes los miran a los ojos y ellos les devuelven la mirada. Ellos ven al alma vieja en su interior, ¿lo sabían? Ellos conocen el sistema. Pero no viven mucho tiempo, ¿verdad? A veces se siente un gran dolor cuando se van.

¿Pero la buena noticia? ¡Sí, ellos pueden reencarnar! ¡Ellos, tal como ustedes, tienen la opción de continuar la relación amorosa! Queridos, no sé cuántos en esta sala son conscientes de este sistema y quiero que mi socio lo desarrolle más claramente, para que lo sepan aquellos que aman a los animales. Cuando sus queridos animales mueren, ellos pueden continuar la relación amorosa si así lo quieren, buscando en el lugar correcto y encontrando al alma que regresa, recogiéndola y continuando lo que tenían. Hay alguien en esta sala y alguien leyendo esto que necesitaba escuchar eso. ¡Existe un sistema para que la esencia de sus almas regrese!

Así que en cierto modo, muchos animales tienen alma también, pero ellos no están en la Cueva de la Creación. Ellos no tienen el profundo sistema del cambio planetario que tienen ustedes, que es una conciencia que puede incrementarse a sí misma con la libre elección. El Humano es el único ser en la Tierra que puede hacer esto, porque el Humano tiene divinidad en el ADN. Fue implantada ahí, de manera apropiada y con amor, hace aproximadamente unos 100.000 años por aquello que es de otro sistema estelar.

Les hemos dado todo esto antes. Con toda propiedad, los Humanos en este planeta recibieron sus semillas espirituales de los Pleyadianos de una manera hermosa, de una manera apropiada, de una manera divina, de una manera perfecta. No hubo guerras, no hubo conspiraciones, y estas hermosas almas de las estrellas todavía están aquí. Ellos son sus hermanos y sus hermanas y una parte de ellos está en ustedes. Ustedes están en un estado cuántico con ellos. Tampoco puedo explicar mejor esto. Pero algunos de ustedes pueden sentirlo. Algunos de ustedes pueden verlo. Es hermoso, y no es inadecuado, raro ni siniestro. Por el contrario, es la verdadera historia de la creación en el planeta y se puede encontrar en los escritos indígenas en todo el mundo. Busquen referencias acerca de las siete hermanas y las historias sobre la creación.

En su ADN surge todo lo que alguna vez fueron, almas viejas, y en muchas canalizaciones les hemos dicho cómo pueden acceder a esto. Este acceso no es sólo como información espiritual, sino como la capacidad de acceder a algunos de los atributos humanos que tenían en el pasado. La esencia de la energía de quienes solían ser está en su ADN. Por lo tanto, esta información akáshica tiene la capacidad de comunicarse con el patrón de sus células madre. Recuerden, todo está dentro de la estructura en doble hélice que contiene la sección con la codificación de las proteínas, ¡sus genes! ¿Comprenden eso? Por lo tanto, su ADN es un sistema mucho más grandioso de lo que cualquier autoridad médica haya creído que es. Es un sistema interdimensional que tiene la capacidad de modificarse a sí mismo en cualquier momento. Esto explica la remisión espontánea. La remisión espontánea es el Ser Humano que decide que ya ha terminado con la enfermedad, y que entonces retoma la energía de una vida pasada que nunca tuvo la enfermedad. Muchos Humanos se han deshecho de las enfermedades más virulentas conocidas por el hombre. De repente aparecen limpios, sin ningún rastro de ella: remisión espontánea. La temible enfermedad simplemente desaparece. Les diré, queridos, que eso no es un milagro de lo alto. Eso es un milagro de lo interno.

La Rejilla Cristalina – El Tercero de Cuatro

Déjenme decirles el número tres. Hay una rejilla de propiedad que hoy en día se está activando en esta energía como nunca antes. Es una rejilla esotérica, lo que significa que es de naturaleza espiritual y no pueden verla. Tiene un nombre que debería revelarles lo que hace. Se llama la Rejilla Cristalina. Cristalina es el nombre que se le ha dado para que se entienda que es un atributo de almacenamiento de Gaia y que almacena información de la fuerza de vida. Es similar a la Cueva de la Creación en cuanto al propósito de la estructura cristalina: almacenamiento de información.

Así que refinemos la definición de lo anterior para una mayor claridad. La Rejilla Cristalina de Gaia [el planeta] es una rejilla de la tierra que es esotérica [espiritual], y que almacena la energía de la fuerza vital de la humanidad, la energía de ustedes. Ahora bien, esto es distinto a la Cueva de la Creación. La cueva es el registro de quiénes son y de lo que han hecho. La energía de su contribución a la Tierra [lo que sea] va a la cueva, se convierte en parte de la tierra, y permanece allí. La Rejilla Cristalina , sin embargo, está por encima de la tierra; imagínenla recubriendo la tierra. Esta rejilla está en el exterior. No pueden verla, pero está ahí.

Ahora bien, esta Rejilla Cristalina también contiene improntas de su energía, pero es específica para la ubicación. El mejor ejemplo que puedo darles es éste. Cuando van a algunas partes de Europa, es posible que sientan lo que ha sucedido allí. Hay capas y capas de guerra. Algunos de ustedes tienen dificultades para meditar allí. Es difícil limpiar la tierra por lo que tuvo lugar en esa región. La Rejilla Cristalina contiene todo lo que ocurrió alguna vez y dónde sucedió. ¿Lo ven? Por lo tanto, es una rejilla de almacenamiento de la energía humana específica para una región. ¿Es parte de Gaia? Claro que sí. Está tendida sobre Gaia como una manta de energía de la conciencia humana.

¿Notaron alguna vez que cuando van a determinados lugares del planeta donde casi no ha sucedido nada significativo en la historia humana, es claro y limpio y meditan mejor? Quiero preguntarles algo. ¿Creen que eso influye en de dónde provienen los espiritualistas en esta nueva energía? Vean de dónde vinieron todos los canalizadores en los últimos 25 a 30 años. Han venido de las tierras prístinas que nunca tuvieron grandes guerras [muchos de la región occidental de los EE.UU.]. ¿Han pensado en eso? Echen un vistazo. Esto se debe a que es más fácil para un Ser Humano relacionarse con la esencia prístina de Gaia. Crea una conexión espiritual más fuerte. Nuevamente, aquí lo tienen. La conexión con Gaia está ahí, la conexión con la tierra. ¿Por qué la tierra? Porque Gaia es parte de un sistema de medición, un sistema de medición de la vibración. Llegará el día en que la tierra será medida por sus atributos vibratorios, los atributos creados por lo que hicieron los Humanos. Colectivamente, toda la experiencia humana yace sobre y dentro de este planeta, y crea una tasa vibratoria que puede ser medida por el Espíritu. Eso es la Rejilla Cristalina.

Hace un tiempo, les di algunos de los atributos de esta Rejilla Cristalina que ustedes no esperaban. Está en una canalización reciente [Berkeley Springs, Virginia Occidental]. Pueden leer y comprender aún más sobre la energía que contiene. Incluso explica los fantasmas. La Rejilla Cristalina contiene una impronta cuántica tan fuerte en ciertas zonas, que aunque los Seres Humanos hayan partido, la impronta de lo que hicieron se repite como una cinta. Vayan a buscar esta información si les interesa.* Así de profunda es la influencia humana sobre Gaia.

Un Resumen

Entonces aquí están con esta información. Interesante, ¿verdad? Hay tres lugares donde su energía humana existe al mismo tiempo. (1) La Cueva de la Creación : ella mantiene un registro de quiénes son a medida que van y vienen, e impregna su vida de experiencia en la vibración del planeta, incluso después de que han partido. Es el sistema multidimensional que captura la experiencia humana para Gaia y permanece con Gaia. (2) El ADN en el cuerpo humano les ayuda mientras están vivos en cada vida, ya que todo lo que han sido alguna vez es información y energía que está almacenada en la doble hélice. Todas las mil vidas están ahí, si han vivido mil de ellas. Todas ellas son accesibles. Nunca tienen que volver a aprender nada espiritualmente, ya que es acumulativa. Es decir, permanece con ustedes vida tras vida. Lo único que tienen que hacer es abrir ese frasco espiritual de la intención de recordar, y de ahí saldrá la sabiduría de los antiguos. Esto debería decirles algo. Todos ustedes son sus propios ancestros. ¿Pensarono en eso? (3) La Rejilla Cristalina , una rejilla espiritual que recubre la superficie del planeta y recuerda todo lo que los Humanos hacen y dónde lo hacen. Esta rejilla también se está reactivando a medida que se aproximan al 2012, ya que se está volviendo más cuántica respecto a lo que ustedes hacen en tiempo real, lo está siendo transferido a Gaia por medio de esta red en tiempo real. Esto significa que la energía de la humanidad está afectando el nivel vibratorio del planeta en tiempo real, en vez de esperar a recibir la energía después de que pasen por la Cueva de la Creación. ¡Esto también crea la sensación de que el tiempo está yendo más rápido para ustedes!

Miren a los ancestros por un momento, porque algo sabían. Vean su sabiduría. ¿Qué es lo primero que hacían cuando comenzaban una ceremonia espiritual? ¡Honraban a sus ancestros! Todos ellos saben intuitivamente que sus ancestros aún están con ellos. Eso siempre va primero en el orden de honor. Antes de tomar decisiones, siempre se dirigen a los ancestros y les piden sabiduría. Los indígenas saben cómo extraer algo del Akasha, siempre lo han sabido, porque comprenden que el círculo de la vida contiene información accesible. Saben que está dentro de ellos. Ellos también conocían a Gaia y consideraban a la tierra como un socio de la fuerza de vida, un socio en la vida de su alma. Oh, queridos, si estudian a los antiguos, van a encontrar todo lo que les he dado hoy. Ellos sabían. Intuitivamente, ellos sabían.

El Sistema de Respaldo está Vivo

Por último, aquí tienen algo de lo que hemos hablado sólo dos veces antes. Hace muchos años, les di una información que ahora completamos. Tal vez les resulte difícil entender lo siguiente, pero los tres sistemas que acabo de darles están mayormente relacionados con Gaia. Hasta el ADN humano es parte del sistema de Gaia, ya que representa la evolución biológica de la humanidad en el planeta, a partir del polvo de la tierra. Sin embargo, hay un sistema de respaldo para todo esto, una redundancia que no es el tipo de “copia de seguridad” que creen, ya que su copia de seguridad es algo lineal, en caso de que pierdan el primero. Este sistema de “respaldo” asiste a los otros todo el tiempo. La información de estos tres sistemas akáshicos combinados está almacenada en un mamífero viviente en este planeta. Tiene que ser así, ya que es la capa final y los conecta a ustedes no sólo con Gaia, sino con el resto de la vida en la Tierra de la manera más profunda. El sistema está almacenado en las ballenas de la Tierra.

Hablemos de las ballenas por un momento. Ustedes las aman, ¿no es cierto? Por cierto, pregúntenle a un biólogo: un delfín es una ballena, sólo que más pequeña. ¿Sabían eso? Ustedes aman a los delfines, ¿verdad? ¿Notaron que la ballena es el único mamífero en el planeta que está protegido por tratados firmados por la mayoría de los países de la Tierra , incluso los países que carecen de océano? ¡Qué coincidencia! Toda la humanidad posee un nivel intuitivo, independientemente de su sistema de gobierno, independientemente de dónde estén, que sabe que no pueden eliminar a las ballenas o van a cambiar el equilibrio de la fuerza de vida de la Tierra. Ellas mantienen los registros. Es el ciclo. Las ballenas están en Gaia, están bajo el agua. Son mamíferos como ustedes. Ellas contienen la información. El ciclo akáshico está completo. El agua misma de la tierra brilla también con todo lo que han hecho ustedes, con quiénes son y con quiénes podrían ser.

¿Ven la profundidad del sistema? Vean de qué se trata: Se trata de ustedes. Todo él. ¿Por qué estaría diseñada la tierra de una manera tan inteligente para mantener un registro de ustedes, para honrarlos, para saber quiénes son y el nombre espiritual que tienen? ¿Por qué sería eso, a menos que ustedes fueran importantes, a menos que fueran parte del plan maestro, a menos que tuvieran algo que ver con el futuro del Universo? Piénsenlo. Ése es el sistema. No seré el único que les canalice esta información. Hay otros que nunca escucharon estas palabras y les dirán lo mismo. Si tienen la oportunidad, incluso podrían preguntarle a Gaia, y ella les dirá lo mismo.

Gaia existe para los Seres Humanos sagrados que están en este planeta aprendiendo. Les doy esto hoy con amor. Quiero que piensen en algo. Por dondequiera que caminen, son conocidos por la tierra. ¡Qué sistema! ¿Por qué les doy esto el día de hoy? Es para que sigan sintiéndose amados y cuidados. Es para que sepan que están tomados de la mano el Espíritu y ustedes y Gaia, si así lo desean. Si las quieren, hay muchas cosas aquí para ustedes. Alma vieja, estás sentado aquí con un propósito. Tal vez necesitabas escuchar esto hoy. Eres importante, eres valioso, y eres un maestro. Ahora ve y exprésalo. Vive mucho tiempo. Sé feliz en el proceso. No decidas de antemano lo que debe suceder. Lo peor que puedes hacer es predisponer lo que Dios tiene para ti basado en lo que crees que está sucediendo ahora. Más bien, relájate, alégrate en todas las cosas, y enamórate de ti mismo.

Váyanse de este lugar distintos de como vinieron.

Yo soy Kryon, amante de la humanidad por una buena razón.

Y así es.

KRYON

10 junio 2011

Recortando a Cortázar

Es así: preservar los legados, adorarte en tus obras,
eternizarte, a ti el relámpago.
codificar tu libre carcajada.(a un dios desconocido)
los bolsillos llenos de palomas.
No es tan mala
la sala de la espera: tapizada.
silencio fosfeno (antes de..)
tres, cinco, siete mundos
que debieran latir consecutivos
y en cambio se combaten simultáneos
un nuevo laberinto que reclama
ser relato o novela o viaje
la segura
bella inseguridad del que ha elegido
guardar la fuerza para la ternura
y tiernamente gobernar su fuerza.

31 mayo 2011

high




Hablarle al hemisferio derecho de mi cerebro en donde se bifurcan los pensamientos y en consecuencia se reciben emanaciones del espacio/tiempo para que sepa cap/tar tarrr la sideralidad de las decisiones ya tomadas

30 mayo 2011

Emanar ondas en Beta que quieren Alfa



Rumiando en la estación, solo doy con vos
me asiento alineada, un poco
paso a paso... anonadada
perdiendo la figura y el espesor
eterno
resplandor
y tu mente sosegada
casi casi llegando a la cúpula
que son mis manos esfumadas

28 marzo 2011

violetas

Celestial sorpresa rozar aquel Puente mágico, Amor, y cantar al aire, que el aire me cante, las Magnolias... Tu corazón acelerado. Mi destreza es tu fusion ... dentro tuyo
ya Estoy.

25 marzo 2011

Las babas del Diablo

Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda,
usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no
servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me
duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las
nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus
rostros. Qué diablos.

Puestos a contar, si se pudiera ir a beber un bock por ahí y que la máquina
siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección. Y no es un
modo de decir. La perfección, sí, porque aquí el agujero que hay que contar
es también una máquina (de otra especie, una Contax 1. 1.2) y a lo mejor
puede ser que una máquina sepa más de otra máquina que yo, tú, ella-la mujer
rubia-y las nubes. Pero de tonto sólo tengo la suerte, y sé que si me voy,
esta Remington se quedará petrificada sobre la mesa con ese aire de
doblemente quietas que tienen las cosas movibles cuando no se mueven.
Entonces tengo que escribir. Uno de todos nosotros tiene que escribir, si es
que todo esto va a ser contado. Mejor que sea yo que estoy muerto, que estoy
menos comprometido que el resto; yo que no veo más que las nubes y puedo
pensar sin distraerme, escribir sin distraerme (ahí pasa otra, con un borde
gris) y acordarme sin distraerme, yo que estoy muerto (y vivo, no se trata
de engañar a nadie, ya se verá cuando llegue el momento, porque de alguna
manera tengo que arrancar y he empezado por esta punta, la de atrás, la del
comienzo, que al fin y al cabo es la mejor de las puntas cuando se quiere
contar algo).

De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a
preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente
por qué acepta una invitación a cenar (ahora pasa una paloma, y me parece
que un gorrión) o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, en
seguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo
hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién
entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo. Que yo
sepa nadie ha explicado esto, de manera que lo mejor es dejarse de pudores y
contar, porque al fin y al cabo nadie se averguenza de respirar o de ponerse
los zapatos; son cosas, que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro
del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio
roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la
oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro... Siempre contarlo,
siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago.

Y ya que vamos a contarlo pongamos un poco de orden, bajemos por la escalera
de esta casa hasta el domingo 7 de noviembre, justo un mes atrás. Uno baja
cinco pisos y ya está en el domingo, con un sol insospechado para noviembre
en París, con muchísimas ganas de andar por ahí, de ver cosas, de sacar
fotos (porque éramos fotógrafos, soy fotógrafo). Ya sé que lo más difícil va
a ser encontrar la manera de contarlo, y no tengo miedo de repetirme. Va a
ser difícil porque nadie sabe bien quién es el que verdaderamente está
contando, si soy yo o eso que ha ocurrido, o lo que estoy viendo (nubes, y a
veces una paloma) o si sencillamente cuento una verdad que es solamente mi
verdad, y entonces no es la verdad salvo para mi estómago, para estas ganas
de salir corriendo y acabar de alguna manera con esto, sea lo que fuere.

Vamos a contarlo despacio, ya se irá viendo qué ocurre a medida que lo
escribo. Si me sustituyen, si ya no sé qué decir, si se acaban las nubes y
empieza alguna otra cosa (porque no puede ser que esto sea estar viendo
continuamente nubes que pasan, y a veces una paloma), si algo de todo eso...
Y después del «si», ¿qué voy a poner, cómo voy a clausurar correctamente la
oración? Pero si empiezo a hacer preguntas no contaré nada; mejor contar,
quizá contar sea como una respuesta, por lo menos para alguno que lo lea.

Roberto Michel, franco-chileno, traductor y fotógrafo aficionado a
sus horas, salió del número 11 de la rue Monsieur LePrince el domingo
7 de noviembre del año en curso (ahora pasan dos más pequeñas, con los
bordes plateados). Llevaba tres semanas trabajando en la versión al francés
del tratado sobre recusaciones y recursos de José Norberto Allende, profesor
en la Universidad de Santiago. Es raro que haya viento en París, y mucho
menos un viento que en las esquinas se arremolinaba y subía castigando las
viejas persianas de madera tras de las cuales sorprendidas señoras
comentaban de diversas maneras la inestabilidad del tiempo en estos últimos
años. Pero el sol estaba también ahí, cabalgando el viento y amigo de los
gatos, por lo cual nada me impediría dar una vuelta por los muelles del Sena
y sacar unas fotos de la Conserjería y la Sainte-Chapelle. Eran
apenas las diez, y calculé que hacia las once tendría buena luz, la mejor
posible en otoño; para perder tiempo derivé hasta la isla Saint&endash;Louis
y me puse a andar por el Quai d'Anjou, miré un rato el hotel de Lauzun, me
recité unos fragmentos de Apollinaire que siempre me vienen a la cabeza
cuando paso delante del hotel de Lauzun (y eso que debería acordarme de otro
poeta, pero Michel es un porfiado), y cuando de golpe cesó el viento y el
sol se puso por lo menos dos veces más grande (quiero decir más tibio, pero
en realidad es lo mismo), me senté en el parapeto y me sentí terriblemente
feliz en la mañana del domingo.

Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar
fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues
exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros. No se trata
de estar acechando la mentira como cualquier reporter, y atrapar la estúpida
silueta del personajón que sale del número 10 de Downing Street, pero de
todas maneras cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar
atento, de no perder ese brusco y delicioso rebote de un rayo de sol en una
vieja piedra, o la carrera trenzas al aire de una chiquilla que vuelve con
un pan o una botella de leche. Michel sabía que el fotógrafo opera siempre
como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la
cámara le impone insidiosa (ahora pasa una gran nube casi negra), pero no
desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Contax para recuperar el
tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma ni 1/25O. Ahora
mismo (qué palabra, ahora, qué estúpida mentira) podía quedarme sentado en
el pretil sobre el río, mirando pasar las pinazas negras y rojas, sin que se
me ocurriera pensar fotográficamente las escenas, nada más que dejándome ir
en el dejarse ir de las cosas, corriendo inmóvil con el tiempo. Y ya no
soplaba viento.

Después seguí por el Quai de Bourbon hasta llegar a la punta de la isla,
donde la íntima placita (íntima por pequeña y no por recatada, pues da todo
el pecho al río y al cielo) me gusta y me regusta. No había más que una
pareja y, claro, palomas; quizá alguna de las que ahora pasan por lo que
estoy viendo. De un salto me instalé en el parapeto y me dejé envolver y
atar por el sol, dándole la cara, las orejas, las dos manos (guardé los
guantes en el bolsillo). No tenía ganas de sacar fotos, y encendí un
cigarrillo por hacer algo; creo que en el momento en que acercaba el fósforo
al tabaco vi por primera vez al muchachito.

Lo que había tomado por una pareja se parecía mucho más a un chico con su
madre, aunque al mismo tiempo me daba cuenta de que no era un chico con su
madre, de que era una pareja en el sentido que damos siempre a las parejas
cuando las vemos apoyadas en los parapetos o abrazadas en los bancos de las
plazas. Como no tenía nada que hacer me sobraba tiempo para preguntarme por
qué el muchachito estaba tan nervioso, tan como un potrillo o una liebre,
metiendo las manos en los bolsillos, sacando en seguida una y después la
otra, pasándose los dedos por el pelo, cambiando de postura, y sobre todo
por qué tenía miedo, pues eso se lo adivinaba en cada gesto, un miedo
sofocado por la vergüenza, un impulso de echarse atrás que se advertía como
si su cuerpo es tuviera al borde de la huida, con teniéndose en un último y
lastimoso decoro.

Tan claro era todo eso, ahí a cinco metros-y estábamos solos contra el
parapeto, en la punta de la isla-, que al principio el miedo del chico no me
dejó ver bien a la mujer rubia. Ahora, pensándolo, la veo mucho mejor en ese
primer momento en que le leí la cara (de golpe había girado como una veleta
de cobre, y los ojos, los ojos estaban ahí), cuando comprendí vagamente lo
que podía estar ocurriéndole al chico y me dije que valía la pena quedarse y
mirar (el viento se llevaba las palabras, los apenas murmullos). Creo que sé
mirar, si es que algo sé, y que todo mirar rezuma falsedad, porque es lo que
nos arroja más afuera de nosotros mismos, sin la menor garantía, en tanto
que oler, o (pero Michel se bifurca fácilmente , no hay que dejarlo que
declame a gusto). De todas maneras, si de antemano se prevé la probable
falsedad, mirar se vuelve posible; basta quizá elegir bien entre el mirar y
lo mirado, desnudar a las cosas de tanta ropa ajena. Y. claro, todo esto es
más bien difícil.

Del chico recuerdo la imagen antes que el verdadero cuerpo (esto se
entenderá después), mientras que ahora estoy seguro que de la mujer recuerdo
mucho mejor su cuerpo que su imagen. Era delgada y esbelta, dos palabras
injustas para decir lo que era, y vestía un abrigo de piel casi negro, casi
largo, casi hermoso. Todo el viento de esa mañana (ahora soplaba apenas, y
no hacía frío) le había pasado por el pelo rubio que recortaba su cara
blanca y sombría-dos palabras injustas-y dejaba al mundo de pie y
horriblemente solo delante de sus ojos negros, sus ojos que caían sobre las
cosas como dos águilas, dos saltos al vacío, dos ráfagas de fango verde. No
describo nada, trato más bien de entender. Y he dicho dos ráfagas de fango
verde.

Seamos justos, el chico estaba bastante bien vestido y llevaba unos guantes
amarillos que yo hubiera jurado que eran de su hermano mayor, estudiante de
derecho o ciencias sociales; era gracioso ver los dedos de los guantes
saliendo del bolsillo de la chaqueta. Largo rato no le vi la cara, apenas un
perfil nada tonto- pájaro azorado, ángel de Fra Filippo, arroz con leche-y
una espalda de adolescente que quiere hacer judo y que se ha peleado un par
de veces por una idea o una hermana. Al filo de los catorce, quizá de los
quince, se le adivinaba vestido y alimentado por sus padres, pero sin un
centavo en el bolsillo, teniendo que deliberar con los camaradas antes de
decidirse por un café, un coñac, un atado de cigarrillos. Andaría por las
calles pensando en las condiscípulas, en lo bueno que sería ir al cine y ver
la última película, o comprar novelas o corbatas o botellas de licor con
etiquetas verdes y blancas. En su casa (su casa sería respetable, sería
almuerzo a las doce y paisajes románticos en las paredes, con un oscuro
recibimiento y un paragüero de caoba al lado de la puerta) llovería despacio
el tiempo de estudiar, de ser la esperanza de mamá, de parecerse a papá, de
escribir a la tía de Avignon. Por eso tanta calle, todo el río para él (pero
sin un centavo) y la ciudad misteriosa de los quince años, con sus signos en
las puertas, sus gatos estremecedores, el cartucho de papas fritas a treinta
francos, la revista pornográfica doblada en cuatro, la soledad como un vacío
en los bolsillos, los encuentros felices, el fervor por tanta cosa
incomprendida pero iluminada por un amor total, por la disponibilidad
parecida al viento y a las calles.

Esta biografía era la del chico y la de cualquier chico, pero a éste lo veía
ahora aislado, vuelto único por la presencia de la mujer rubia que seguía
hablándole. (Me cansa insistir, pero acaban de pasar dos largas nubes
desflecadas. Pienso que aquella mañana no miré ni una sola vez el cielo,
porque tan pronto presentí lo que pasaba con el chico y la mujer no pude más
que mirarlos y esperar, mirarlos y...). Resumiendo, el chico estaba inquieto
y se podía adivinar sin mucho trabajo lo que acababa de ocurrir pocos
minutos antes, a lo sumo media hora. El chico había llegado hasta la punta
de la isla, vio a la mujer y la encontró admirable. La mujer esperaba eso
porque estaba ahí para esperar eso, o quizá el chico llegó antes y ella lo
vio desde un balcón o desde un auto, y salió a su encuentro, provocando el
diálogo con cualquier cosa, segura desde el comienzo de que él iba a tenerle
miedo y a querer escaparse, y que naturalmente se quedaría, engallado y
hosco, fingiendo la veteranía y el placer de la aventura. El resto era fácil
porque estaba ocurriendo a cinco metros de mí y cualquiera hubiese podido
medir las etapas del juego, la esgrima irrisoria; su mayor encanto no era su
presente, sino la previsión del desenlace. El muchacho acabaría por
pretextar una cita, una obligación cualquiera, y se alejaría tropezando y
confundido, queriendo caminar con desenvoltura, desnudo bajo la mirada
burlona que lo seguiría hasta el final. o bien se quedaría, fascinado o
simplemente incapaz de tomar la iniciativa, y la mujer empezaría a
acariciarle la cara, a despeinarlo, hablándole ya sin voz, y de pronto lo
tomaría del brazo para llevárselo, a menos que él, con una desazón que quizá
empezara a teñir el deseo, el riesgo de la aventura, se animase a pasarle el
brazo por la cintura y a besarla. Todo esto podía ocurrir, pero aún no
ocurría, y perversamente Michel esperaba, sentado en el pretil, aprontando
casi sin darse cuenta la cámara para sacar una foto pintoresca en un rincón
de la isla con una pareja nada común hablando y mirándose.

Curioso que la escena (la nada, casi: dos que están ahí, desigualmente
jóvenes) tuviera como un aura inquietante. Pensé que eso lo ponía yo, y que
mi foto, si la sacaba, restituiría las cosas a su tonta verdad. Me hubiera
gustado saber qué pensaba el hombre del sombrero gris sentado al volante del
auto detenido en el muelle que lleva a la pasarela, y que leía el diario o
dormía. Acababa de descubrirlo porque la gente dentro de un auto detenido
casi desaparece , se pierde en esa mísera jaula privada de la belleza que le
dan el movimiento y el peligro. Y sin embargo el auto había estado ahí todo
el tiempo, formando parte (o deformando esa parte) de la isla. Un auto: como
decir un farol de alumbrado, un banco de plaza. Nunca el viento, la luz del
sol, esas materias siempre nuevas para la piel y los ojos, y también el
chico y la mujer, únicos, puestos ahí para alterar la isla, para mostrármela
de otra manera. En fin, bien podía suceder que también el hombre del diario
estuviera atento a lo que pasaba y sintiera como yo ese regusto maligno de
toda expectativa. Ahora la mujer había girado suavemente hasta poner al
muchachito entre ella y el parapeto, los veía casi de perfil y él era más
alto, pero no mucho más alto, y sin embargo ella lo sobraba, parecía como
cernida sobre él (su risa, de repente, un látigo de plumas), aplastándolo
con sólo estar ahí, sonreír, pasear una mano por el aire. ¿Por qué esperar
más? Con un diafragma dieciséis, con un encuadre donde no entrara el
horrible auto negro, pero sí ese árbol, necesario para quebrar un espacio
demasiado gris...

Levanté la cámara, fingí estudiar un enfoque que no los incluía, y me quedé
al acecho, seguro de que atraparía por fin el gesto revelador, la expresión
que todo lo resume, la vida que el movimiento acompasa pero que una imagen
rígida destruye al seccionar el tiempo, si no elegimos la imperceptible
fracción esencial. No tuve que esperar mucho. La mujer avanzaba en su tarea
de maniatar suavemente al chico, de quitarle fibra a fibra sus últimos
restos de libertad, en una lentísima tortura deliciosa. Imaginé los finales
posibles (ahora asoma una pequeña nube espumosa, casi sola en el cielo),
preví la llegada a la casa (un piso bajo probablemente, que ella saturaría
de almohadones y de gatos) y sospeché el azoramiento del chico y su decisión
desesperada de disimularlo y de dejarse llevar fingiendo que nada le era
nuevo. Cerrando los ojos, si es que los cerré, puse en orden la escena, los
besos burlones, la mujer rechazando con dulzura las manos que pretenderían
desnudarla como en las novelas, en una cama que tendría un edredón lila, y
obligándolo en cambio a dejarse quitar la ropa, verdaderamente madre e hijo
bajo una luz amarilla de opalinas, y todo acabaría como siempre, quizá, pero
quizá todo fuera de otro modo, y la iniciación del adolescente no pasara, no
la dejaran pasar, de un largo proemio donde las torpezas, las caricias
exasperantes, la carrera de las manos se resolviera quién sabe en qué, en un
placer por separado y solitario, en una petulante negativa mezclada con el
arte de fatigar y desconcertar tanta inocencia lastimada. Podía ser así,
podía muy bien ser así; aquella mujer no buscaba un amante en el chico, y a
la vez se lo adueñaba para un fin imposible de entender si no lo imaginaba
como un juego cruel, deseo de desear sin satisfacción, de excitarse para
algún otro, alguien que de ninguna manera podía ser ese chico.

Michel es culpable de literatura, de fabricaciones irreales. Nada le gusta
más que imaginar excepciones, individuos fuera de la especie, monstruos no
siempre repugnantes. Pero esa mujer invitaba a la invención, dando quizá las
claves suficientes para acertar con la verdad. Antes de que se fuera, y
ahora que llenaría mi recuerdo durante muchos días, porque soy propenso a la
rumia, decidí no perder un momento más. Metí todo en el visor (con el árbol,
el pretil, el sol de las once) y tomé la foto. A tiempo para comprender que
los dos se habían dado cuenta y que me estaban mirando, el chico sorprendido
y como interrogante, pero ella irritada, resueltamente hostiles su cuerpo y
su cara que se sabían robados, ignominiosamente presos en una pequeña imagen
química.

Lo podría contar con mucho detalle, pero no vale la pena. La mujer habló de
que nadie tenía derecho a tomar una foto sin permiso, y exigió que le
entregara el rollo de película. Todo esto con una voz seca y clara, de buen
acento de París, que iba subiendo de color y de tono a cada frase. Por mi
parte se me importaba muy poco darle o no el rollo de película, pero
cualquiera que me conozca sabe que las cosas hay que pedírmelas por las
buenas. El resultado es que me limité a formular la opinión de que la
fotografía no sólo no está prohibida en los lugares públicos, sino que
cuenta con el más decidido favor oficial y privado. Y mientras se lo decía
gozaba socarronamente de cómo el chico se replegaba, se iba quedando
atrás-con sólo no moverse-y de golpe (parecía casi increíble) se volvía y
echaba a correr, creyendo el pobre que caminaba y en realidad huyendo a la
carrera, pasando al lado del auto, perdiéndose como un hilo de la Virgen en
el aire de la mañana.

Pero los hilos de la Virgen se llaman también babas del diablo, y Michel
tuvo que aguantar minuciosas imprecaciones, oírse llamar entrometido e
imbécil, mientras se esmeraba deliberadamente en sonreír y declinar, con
simples movimientos de cabeza, tanto envío barato. Cuando empezaba a
cansarme, oí golpear la portezuela de un auto. El hombre del sombrero gris
estaba ahí, mirándonos. Sólo entonces comprendí que jugaba un papel en la
comedia.

Empezó a caminar hacia nosotros, llevando en la mano el diario que había
pretendido leer. De lo que mejor me acuerdo es de la mueca que le ladeaba la
boca, le cubría la cara de arrugas, algo cambiaba de lugar y forma porque la
boca le temblaba y la mueca iba de un lado a otro de los labios como una
cosa independiente y viva, ajena a la voluntad. Pero todo el resto era fijo,
payaso enharinado u hombre sin sangre, con la piel apagada y seca, los ojos
metidos en lo hondo y los agujeros de la nariz negros y visibles, más negros
que las cejas o el pelo o la corbata negra. Caminaba cautelosamente, como si
el pavimento le lastimara los pies; le vi zapatos de charol, de suela tan
delgada que debía acusar cada aspereza de la calle. No sé por qué me había
bajado del pretil, no sé bien por qué decidí no darles la foto, negarme a
esa exigencia en la que adivinaba miedo y cobardía. El payaso y la mujer se
consultaban en silencio: hacíamos un perfecto triángulo insoportable, algo
que tenía que romperse con un chasquido. Me les reí en la cara y eché a
andar, supongo que un poco más despacio que el chico. A la altura de las
primeras casas, del lado de la pasarela de hierro, me volví a mirarlos. No
se movían, pero el hombre había dejado caer el diario; me pareció que la
mujer, de espaldas al parapeto, paseaba las manos por la piedra, con el
clásico y absurdo gesto del acosado que busca la salida.

Lo que sigue ocurrió aquí, casi ahora mismo, en una habitación de un quinto
piso. Pasaron varios días antes de que Michel revelara las fotos del
domingo; sus tomas de la Conserjería y de la Sainte&endash;Chapelle eran lo
que debían ser. Encontró dos o tres enfoques de prueba ya olvidados, una
mala tentativa de atrapar un gato asombrosamente encaramado en el techo de
un mingitorio callejero, y también la foto de la mujer rubia y el
adolescente. El negativo era tan bueno que preparó una ampliación; la
ampliación era tan buena que hizo otra mucho más grande, casi como un
afiche. No se le ocurrió (ahora se lo pregunta y se lo pregunta) que sólo
las fotos de la Conserjería merecían tanto trabajo. De toda la serie, la
instantánea en la punta de la isla era la única que le interesaba; fijó la
ampliación en una pared del cuarto, y el primer día estuvo un rato mirándola
y acordándose, en esa operación comparativa y melancólica del recuerdo
frente a la perdida realidad; recuerdo petrificado, como toda foto, donde
nada faltaba, ni siquiera y sobre todo la nada, verdadera fijadora de la
escena. Estaba la mujer, estaba el chico, rígido el árbol sobre sus cabezas,
el cielo tan fijo como las piedras del parapeto, nubes y piedras confundidas
en una sola materia inseparable (ahora pasa una con bordes afilados, corre
como en una cabeza de tormenta). Los dos primeros días acepté lo que había
hecho, desde la foto en sí hasta la ampliación en la pared, y no me pregunté
siquiera por qué interrumpía a cada rato la traducción del tratado de José
Norberto Allende para reencontrar la cara de la mujer, las manchas oscuras
en el pretil. La primera sorpresa fue estúpida; nunca se me había ocurrido
pensar que cuando miramos una foto de frente, los ojos repiten exactamente
.la posición y la visión del objetivo; son esas cosas que se dan por
sentadas y que a nadie se le ocurre considerar. Desde mi silla, con la
máquina de escribir por delante, miraba la foto ahí a tres metros, y
entonces se me ocurrió que me había instalado exactamente. en el punto de
mira del objetivo. Estaba muy bien así; sin duda era la manera más perfecta
de apreciar una foto, aunque la visión en diagonal pudiera tener sus
encantos y aun sus descubrimientos. Cada tantos minutos, por ejemplo cuando
no encontraba la manera de decir en buen francés lo que José Alberto Allende
decía en tan buen español, alzaba los ojos y miraba la foto; a veces me
atraía la mujer, a veces el chico, a veces el pavimento donde una hoja seca
se había situado admirablemente para valorizar un sector lateral. Entonces
descansaba un rato de mi trabajo, y me incluía otra vez con gusto en aquella
mañana que empapaba la foto, recordaba irónicamente la imagen colérica de la
mujer reclamándome la fotografía, la fuga ridícula y patética del chico, la
entrada en escena del hombre de la cara blanca. En el fondo estaba
satisfecho de mí mismo; mi partida no había sido demasiado brillante, pues
si a los franceses les ha sido dado el don de la pronta respuesta, no veía
bien por qué había optado por irme sin una acabada demostración de
privilegios, prerrogativas y derechos ciudadanos. Lo importante, lo
verdaderamente importante era haber ayudado al chico a escapar a tiempo
(esto en caso de que mis teorías fueran exactas, lo que no estaba
suficientemente probado, pero la fuga en sí parecía demostrarlo). De puro
entrometido le había dado oportunidad de aprovechar al fin su miedo para
algo útil; ahora estaría arrepentido, menoscabado, sintiéndose poco hombre.
Mejor era eso que la compañía de una mujer capaz de mirar como lo miraban en
la isla; Michel es puritano a ratos, cree que no se debe corromper por la
fuerza. En el fondo, aquella foto había sido una buena acción.

No por buena acción la miraba entre párrafo y párrafo de mi trabajo. En ese
momento no sabía por qué la miraba, por qué había fijado la ampliación en la
pared; quizá ocurra así con todos los actos fatales, y sea ésa la condición
de su cumplimiento. Creo que el temblor casi furtivo de las hojas del árbol
no me alarmó, que seguí una frase empezada y la terminé redonda. Las
costumbres son como grandes herbarios, al fin y al cabo una ampliación de
ochenta por sesenta se parece a una pantalla donde proyectan cine, donde en
la punta de una isla una mujer habla con un chico y un árbol agita unas
hojas secas sobre sus cabezas.

Pero las manos ya eran demasiado. Acababa de escribir: Donc, la seconde clé
réside dans la nature intrinsèque des difficultés que les sociétés-y vi la
mano de la mujer que empezaba a cerrarse despacio, dedo por dedo. De mí no
quedó nada, una frase en francés que jamás habrá de terminarse, una máquina
de escribir que cae al suelo, una silla que chirría y tiembla, una niebla.
El chico había agachado la cabeza, como los boxeadores cuando no pueden más
y esperan el golpe de desgracia; se había alzado el cuello del sobretodo,
parecía más que nunca un prisionero, la perfecta víctima que ayuda a la
catástrofe. Ahora la mujer le hablaba al oído, y la mano se abría otra vez
para posarse en su mejilla, acariciarla y acariciarla, quemándola sin prisa.
El chico estaba menos azorado que receloso, una o dos veces atisbó por sobre
el hombro de la mujer y ella seguía hablando, explicando algo que lo hacía
mirar a cada momento hacia la zona donde Michel sabía muy bien que estaba el
auto con el hombre del sombrero gris, cuidadosamente descartado en la
fotografía pero reflejándose en los ojos del chico y (cómo dudarlo ahora) en
las palabras de la mujer, en las manos de la mujer, en la presencia vicaria
de la mujer. Cuando vi venir al hombre, detenerse cerca de ellos y mirarlos,
las manos en los bolsillos y un aire entre hastiado y exigente, patrón que
va a silbar a su perro después de los retozos en la plaza, comprendí, si eso
era comprender, lo que tenía que pasar, lo que tenía que haber pasado, lo
que hubiera tenido que pasar en ese momento, entre esa gente, ahí donde yo
había llegado a trastrocar un orden, inocentemente inmiscuido en eso que no
había pasado pero que ahora iba a pasar, ahora se iba a cumplir. Y lo que
entonces había imaginado era mucho menos horrible que la realidad, esa mujer
que no estaba ahí por ella misma, no acariciaba ni proponía ni alentaba para
su placer, para llevarse al ángel despeinado y jugar con su terror y su
gracia deseosa. El verdadero amo esperaba, sonriendo petulante, seguro ya de
la obra; no era el primero que mandaba a una mujer a la vanguardia, a
traerle los prisioneros maniatados con flores. El resto sería tan simple, el
auto, una casa cualquiera, las bebidas, las láminas excitantes, las lágrimas
demasiado tarde, el despertar en el infierno. Y yo no podía hacer nada, esta
vez no podía hacer absolutamente nada. Mi fuerza había sido una fotografía,
ésa, ahí, donde se vengaban de mí mostrándome sin disimulo lo que iba a
suceder. La foto había sido tomada, el tiempo había corrido; estábamos tan
lejos unos de otros, la corrupción seguramente consumada, las lágrimas
vertidas, y el resto conjetura y tristeza. De pronto el orden se invertía,
ellos estaban vivos, moviéndose, decidían y eran decididos, iban a su
futuro; y yo desde este lado, prisionero de otro tiempo, de una habitación
en un quinto piso, de no saber quiénes eran esa mujer y ese hombre y ese
niño, de ser nada más que la lente de mi cámara, algo rígido, incapaz de
intervención. Me tiraban a la cara la burla más horrible, la de decidir
frente a mi impotencia, la de que el chico mirara otra vez al payaso
enharinado y yo comprendiera que iba a aceptar, que la propuesta contenía
dinero o engaño, y que no podía gritarle que huyera, o simplemente
facilitarle otra vez el camino con una nueva foto, una pequeña y casi
humilde intervención que desbaratara el andamiaje de baba y de perfume. Todo
iba a resolverse allí mismo, en ese instante; había como un inmenso silencio
que no tenía nada que ver con el silencio físico. Aquello se tendía, se
armaba. Creo que grité, que grité terriblemente, y que en ese mismo segundo
supe que empezaba a acercarme, diez centímetros, un paso, otro paso, el
árbol giraba cadenciosamente sus ramas en primer plano, una mancha del
pretil salía del cuadro, la cara de la mujer, vuelta hacia mí como
sorprendida, iba creciendo, y entonces giré un poco, quiero decir que la
cámara giró un poco, y sin perder de vista a la mujer empezó a acercarse al
hombre que me miraba con los agujeros negros que tenía en el sitio de los
ojos, entre sorprendido y rabioso miraba queriendo clavarme en el aire, y en
ese instante alcancé a ver como un gran pájaro fuera de foco que pasaba de
un solo vuelo delante de la imagen, y me apoyé en la pared de mi cuarto y
fui feliz porque el chico acababa de escaparse, lo veía corriendo, otra vez
en foco, huyendo con todo el pelo al viento, aprendiendo por fin a volar
sobre la isla, a llegar a la pasarela, a volverse a la ciudad. Por segunda
vez se les iba, por segunda vez yo lo ayudaba a escaparse, lo devolvía a su
paraíso precario. Jadeando me quedé frente a ellos; no había necesidad de
avanzar más, el juego estaba jugado. De la mujer se veía apenas un hombro y
algo de pelo, brutalmente cortado por el cuadro de la imagen; pero de frente
estaba el hombre, entreabierta la boca donde veía temblar una lengua negra,
y levantaba lentamente las manos, acercándolas al primer plano, un instante
aún en perfecto foco, y después todo él un bulto que borraba la isla, el
árbol, y yo cerré los ojos y no quise mirar más, y me tapé la cara y rompí a
llorar como un idiota.

Ahora pasa una gran nube blanca, como todos estos días, todo este tiempo
incontable. Lo que queda por decir es siempre una nube, dos nubes, o largas
horas de cielo perfectamente limpio, rectángulo purísimo clavado con
alfileres en la pared de mi cuarto. Fue lo que vi al abrir los ojos y
secármelos con los dedos: el cielo limpio, y después una nube que entraba
por la izquierda, paseaba lentamente su gracia y se perdía por la derecha. Y
luego otra, y a veces en cambio todo se pone gris, todo es una enorme nube,
y de pronto restallan las salpicaduras de la lluvia, largo rato se ve llover
sobre la imagen, como un llanto al revés, y poco a poco el cuadro se aclara,
quizá sale el sol, y otra vez entran las nubes, de a dos, de a tres. Y las
palomas, a veces, y uno que otro gorrión.

El impacto y la vida sin Color

16 marzo 2011

La misión del Sol Resonante

El tzolkin consta de 20 sellos, 13 tonos, frecuencia 13:20. El tono 1 (magnético), vibra con el tono 13(cósmico), es decir se unen , encanjan cual rasti energias. y así sucesivamente...
Qué pasa con el tono 7 (resonante)?
es la columna vertebral del resto de los tonos, tiene el poder de vibrar con cualquiera de ellos para llevar a cabo su destino de esencia Tonal. Por lo tanto se emite una frencuencia vibracional de un Ser Tonal, y el tono 7 lo recibe, y su feedback es Volver a sonar, re-Sonar, en la eternidad, se forma una constante.
Uniendo la misión de cualquier Sol, señor Ahau, poder del fuego Universal, Iluminar, dar vida, termina el ciclo y dá vida al Dragón con su Luz, para que este pueda nuevamente iniciar el ciclo, eternamente en la Universalidad.

15 marzo 2011

a la mano paciente

que el viento te adormece
buscando la forma
completando el vasto ser
mi propósito
está en Unión
con el tuyo
que es un Todo
que es de todos
y forma el Uno/único.

1

no recordaba nada
al punto
de dejarme caer
al punto
de dormitar ensoñando tu risa
las risas de todos
en el diván.
minúsculos dedos me aprietan los nudillos
me piden que continúe la sinfonía
querida mía.

pogo